de Santhiage Maquiavelo
Permanezco frente a los ciruelos como cada atardecer, cuando el verano termina, sus hojas caen con los amores vacacionales, pronto la lluvia las arrastrará como a quien busca un sueño sin notar que ha despertado, prenderé un cigarrillo para oscurecer la memoria que conduce al desvelo, y el sol hará vapor en horizontes murmurando su adiós, como el silencio en que logra escapar.
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sábado, 27 de agosto de 2011
viernes, 12 de agosto de 2011
Cuento
Para las fans de Señor Violencia que pidieron más, les dejamos la primera parte de un cuento publicado de su blog.
Esto sucedió hace tanto tiempo que no se puede decir en qué época fue. El lugar donde aconteció no es importante en sí, el nombre del reino no importa, es más, podría ponérsele cualquier nombre y serviría para poder describirlo, lo principal es lo que ahí paso.
Mentiríamos si decimos que el rey era el mas noble y bueno de los reyes del mundo, pero estaríamos equivocados si lo hacemos. En realidad era un hombre temible y un poco tirano, tenia al reino hundido en la miseria y tenia muchos enemigos. Fue hasta que el primogénito del rey llegó al mundo, cuando el modo de ser del rey cambió, lo hizo mas feliz y amable.
Pero la felicidad del rey no duró mucho, fue una noche antes de que el infante cumpliera un mes de vida, cuando alguien moviéndose entre las sombras traspaso la seguridad que había alrededor del niño, tomando a todo el reino dormido, tomó al infante y regresó por donde había llegado.
Después del secuestro del primogénito todo el reino tenia miedo, no sabían quien había sido y cómo es que reaccionaria el rey. Pero él estaba demasiado trastornado por no saber quién se había llevado a su hijo, nadie sabia nada, lo único que habían encontrado que servía para encontrar al secuestrador y al niño fue una rosa negra atada con un listón rojo.
Fue entonces cuando el rey asignó su mejor guerrero para que encontrara aquel que se había llevado a su hijo. Mas este guerrero no sólo era diestro con las armas si no también con las artes místicas de la magia. Artes que muy pocos conocen y todavía menos logran dominarlas. El nombre del guerrero tampoco importa en verdad.
El guerrero subió a su caballo y salió del castillo, al pasar por la ciudad la gente se hacía a un lado para que pudiera pasar, la gente se quedaba boquiabierta al ver al guerrero, que con su brillante armadura reflejaba los rayos del sol.
Cuando salió de la ciudad se encaminó hacia ciertos lugares en medio del bosque que rodeaba a la ciudad, en estos lugares vivían algunos conocidos suyos, que iban desde hechiceros hasta vulgares ladrones y taberneros a los cuales el guerrero interrogó acerca de quién había secuestrado al pequeño del emperador de la comarca, pero nadie pudo darle razón, sin embargo el guerrero no se desanimó y siguió buscando a alguien que le pudiera dar información.
Cansado por las horas de infructuosa búsqueda el guerrero decidió darse un pequeño descanso a las orillas de un pequeño riachuelo que corría por el bosque, bajó de su cabalgadura, se quitó parte de la armadura y se mojó la cara en el arroyo, pero cuando levantó la cara vio reflejado a un pequeño y horroroso ser de pie en la otra orilla, el guerrero sin verlo, se dirigió donde había dejado su armadura y se la volvió a poner, regresó a la orilla y sin ver al ser lo saludó de la más amable y respetuosa manera posible, éste contestó el saludo de la misma manera, entonces el guerrero pudo por fin verlo a la cara, el guerrero le preguntó de igual manera de cómo lo había saludado, o sea, muy respetuosa y amable de que si él sabia quién había tomado al niño del rey, el ser le contesto que sí, el guerrero preguntó si se le podría decir dónde encontrarlo, el ser le empezó a decir que tenia que cabalgar rumbo a donde se oculta el sol durante 2 días, ahí encontraría una serie de señales y lugares a los que tenia que llegar para dar con el enemigo buscado.
El guerrero le agradeció al pequeño ser, también tomo una pequeña bolsa de piel que tenia atada al cinturón en donde tenia varias monedas de oro, el guerrero dejó la bolsa en una piedra de la orilla, se dio la media vuelta después de despedirse del pequeño ser, tomo su caballo y emprendió el viaje siguiendo sus indicaciones, después de unos metros volteó a ver donde estaba, pero ya no encontró nada, ni ser ni bolsa de monedas, el guerrero sabia que el ser no se había ofendido y que la información que le había dado era cierta, se sentía un poco mas relajado de saber que podía encontrar al secuestrador
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Segunda parte.
Tercera parte.
Final.
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Esto sucedió hace tanto tiempo que no se puede decir en qué época fue. El lugar donde aconteció no es importante en sí, el nombre del reino no importa, es más, podría ponérsele cualquier nombre y serviría para poder describirlo, lo principal es lo que ahí paso.
Mentiríamos si decimos que el rey era el mas noble y bueno de los reyes del mundo, pero estaríamos equivocados si lo hacemos. En realidad era un hombre temible y un poco tirano, tenia al reino hundido en la miseria y tenia muchos enemigos. Fue hasta que el primogénito del rey llegó al mundo, cuando el modo de ser del rey cambió, lo hizo mas feliz y amable.
Pero la felicidad del rey no duró mucho, fue una noche antes de que el infante cumpliera un mes de vida, cuando alguien moviéndose entre las sombras traspaso la seguridad que había alrededor del niño, tomando a todo el reino dormido, tomó al infante y regresó por donde había llegado.
Después del secuestro del primogénito todo el reino tenia miedo, no sabían quien había sido y cómo es que reaccionaria el rey. Pero él estaba demasiado trastornado por no saber quién se había llevado a su hijo, nadie sabia nada, lo único que habían encontrado que servía para encontrar al secuestrador y al niño fue una rosa negra atada con un listón rojo.
Fue entonces cuando el rey asignó su mejor guerrero para que encontrara aquel que se había llevado a su hijo. Mas este guerrero no sólo era diestro con las armas si no también con las artes místicas de la magia. Artes que muy pocos conocen y todavía menos logran dominarlas. El nombre del guerrero tampoco importa en verdad.
El guerrero subió a su caballo y salió del castillo, al pasar por la ciudad la gente se hacía a un lado para que pudiera pasar, la gente se quedaba boquiabierta al ver al guerrero, que con su brillante armadura reflejaba los rayos del sol.
Cuando salió de la ciudad se encaminó hacia ciertos lugares en medio del bosque que rodeaba a la ciudad, en estos lugares vivían algunos conocidos suyos, que iban desde hechiceros hasta vulgares ladrones y taberneros a los cuales el guerrero interrogó acerca de quién había secuestrado al pequeño del emperador de la comarca, pero nadie pudo darle razón, sin embargo el guerrero no se desanimó y siguió buscando a alguien que le pudiera dar información.
Cansado por las horas de infructuosa búsqueda el guerrero decidió darse un pequeño descanso a las orillas de un pequeño riachuelo que corría por el bosque, bajó de su cabalgadura, se quitó parte de la armadura y se mojó la cara en el arroyo, pero cuando levantó la cara vio reflejado a un pequeño y horroroso ser de pie en la otra orilla, el guerrero sin verlo, se dirigió donde había dejado su armadura y se la volvió a poner, regresó a la orilla y sin ver al ser lo saludó de la más amable y respetuosa manera posible, éste contestó el saludo de la misma manera, entonces el guerrero pudo por fin verlo a la cara, el guerrero le preguntó de igual manera de cómo lo había saludado, o sea, muy respetuosa y amable de que si él sabia quién había tomado al niño del rey, el ser le contesto que sí, el guerrero preguntó si se le podría decir dónde encontrarlo, el ser le empezó a decir que tenia que cabalgar rumbo a donde se oculta el sol durante 2 días, ahí encontraría una serie de señales y lugares a los que tenia que llegar para dar con el enemigo buscado.
El guerrero le agradeció al pequeño ser, también tomo una pequeña bolsa de piel que tenia atada al cinturón en donde tenia varias monedas de oro, el guerrero dejó la bolsa en una piedra de la orilla, se dio la media vuelta después de despedirse del pequeño ser, tomo su caballo y emprendió el viaje siguiendo sus indicaciones, después de unos metros volteó a ver donde estaba, pero ya no encontró nada, ni ser ni bolsa de monedas, el guerrero sabia que el ser no se había ofendido y que la información que le había dado era cierta, se sentía un poco mas relajado de saber que podía encontrar al secuestrador
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Segunda parte.
Tercera parte.
Final.
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lunes, 30 de mayo de 2011
Cuento: Strat
Strat
Por Berenice Navarro
Para Violeta
Por Berenice Navarro
Para Violeta
Esta noche, Abraham ya no soporta la idea de tocarla. En la frente, el calor se confunde con el sudor frío de su pesadilla recurrente, la molesta imagen de su hermano acariciando esa cintura delante de todos le revuelve el estómago, él la quiere, y le enferma saberla ajena y tan imposible.
Ya no soportará seguir reviviendo en sus sueños el desagradable recuerdo de Fernando abrazándola con sus manos tan toscas, de escucharlo hacerle el amor en el cuarto de abajo. Abraham sabe que juntos, también pueden hacer el amor y gritar más fuerte, lo sabe desde que, un día al pasar junto a ella, sin querer la tocó, ella dijo algo, y aunque él no entendió, sus oídos no han olvidado esa voz tenue, dulce, que ninguna otra le ha dedicado.
Por eso hoy, Abraham llegará a la sala, donde ella duerme, la sujetará fuerte contra su pecho y gritarán juntos en aquella melodía que él intuye, es el amor. Aunque despierten a todos y Fernando se sienta humillado, ya no le importa, el deseo le domina.
Después huirá con ella, lo ha planeado durante meses, sólo la meterá en su estuche, se la colgará al hombro y atravesarán la puerta.
Ya no soportará seguir reviviendo en sus sueños el desagradable recuerdo de Fernando abrazándola con sus manos tan toscas, de escucharlo hacerle el amor en el cuarto de abajo. Abraham sabe que juntos, también pueden hacer el amor y gritar más fuerte, lo sabe desde que, un día al pasar junto a ella, sin querer la tocó, ella dijo algo, y aunque él no entendió, sus oídos no han olvidado esa voz tenue, dulce, que ninguna otra le ha dedicado.
Por eso hoy, Abraham llegará a la sala, donde ella duerme, la sujetará fuerte contra su pecho y gritarán juntos en aquella melodía que él intuye, es el amor. Aunque despierten a todos y Fernando se sienta humillado, ya no le importa, el deseo le domina.
Después huirá con ella, lo ha planeado durante meses, sólo la meterá en su estuche, se la colgará al hombro y atravesarán la puerta.
![]() |
| Imágen: Violeta García |
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Este pequeño y humilde cuento va dedicado a Violeta García, con una gran felicitación por su segundo libro Mitología de una ciudad enferma y un enorme agradecimiento por compartir su obra plástica en este blog.
Berenice Navarro (Madame) (Viridiana Urías) (Monstruo Lovecraftniano) (Barque Vagabonde) (etc...)
jueves, 19 de mayo de 2011
Cuento: Entre desistir y la indecisión
Entre desistir y la indecisión
Por Lilia Ávalos
Se sentó donde siempre y pensó que tarde o temprano él tendría que pasar por ahí, sólo era cuestión de que esperara el tiempo suficiente.
Al principio le pareció sencillo, después de todo ya muchas veces lo había esperado en el mismo lugar y él siempre terminaba por aparecer. Subió su vista para perderse en las figuras del vuelo de los pájaros. Los veía ir y venir en piruetas que albergaban una melodía secreta, una que le gustaba y le asustaba.
Fue cuando comenzó a oscurece el cielo y los pájaros cesaron su vuelo, que pensó en la posibilidad de que él ya hubiera pasado por ahí y que no lo hubiera visto por estar distraída con los pájaros. Aunque en seguida supo que de haber sido así, él no hubiera podido evitar mirar el lugar donde tantas veces había llegado a encontrarla y sabría de inmediato que lo estaba esperando, que estaba ahí por él y para él. Aunque decidió que no sobraba poner más atención.
Comenzó a fijarse en todas las caras y los cuerpos de quienes pasaban por ahí, en los atuendos, las miradas y las formas de caminar. Pero el tiempo se gastaba y todas las caras eran la cara de él, y todos los cuerpos tenían sus hombros, y todas las miradas su suavidad y todo caminante su contoneo; hasta que en la proximidad, sus características siempre se desvanecían.
Cuando ya no toleró el desengaño de creerlo aproximarse, se preguntó qué haría si en efecto él llegara, en qué haría si él le dijera que no debía esperarlo. Un vacío muy pesado se apoderó de su pecho y sintió que el lugar de siempre, donde habían sido sus encuentros tantas veces, no tenía ya ningún valor.
Se dio cuenta entonces que era ella quien lo estaba esperando y no él quien la aguardaba en el lugar de siempre. Se sintió mal por estar ahí, porque era un hecho que él no buscaba encontrarla y que si por un descuido del azar tuviera que tomar el camino para pasar por donde ella estaba, lo obligaría a su encuentro y violaría su decisión de no encontrarla. Fue cuando se puso en pie y se alejó del lugar procurando no detenerse a ver rostro alguno.
***
Le preocupaba el tiempo que había tardado en decidirse a ir, pero por fin llegó y se sentó donde siempre. Pensó que tarde o temprano ella tendría que pasar por ahí y que sólo era cuestión de que la esperara el tiempo suficiente para encontrarla de nuevo.
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Por Lilia Ávalos
Se sentó donde siempre y pensó que tarde o temprano él tendría que pasar por ahí, sólo era cuestión de que esperara el tiempo suficiente.
Al principio le pareció sencillo, después de todo ya muchas veces lo había esperado en el mismo lugar y él siempre terminaba por aparecer. Subió su vista para perderse en las figuras del vuelo de los pájaros. Los veía ir y venir en piruetas que albergaban una melodía secreta, una que le gustaba y le asustaba.
Fue cuando comenzó a oscurece el cielo y los pájaros cesaron su vuelo, que pensó en la posibilidad de que él ya hubiera pasado por ahí y que no lo hubiera visto por estar distraída con los pájaros. Aunque en seguida supo que de haber sido así, él no hubiera podido evitar mirar el lugar donde tantas veces había llegado a encontrarla y sabría de inmediato que lo estaba esperando, que estaba ahí por él y para él. Aunque decidió que no sobraba poner más atención.
Comenzó a fijarse en todas las caras y los cuerpos de quienes pasaban por ahí, en los atuendos, las miradas y las formas de caminar. Pero el tiempo se gastaba y todas las caras eran la cara de él, y todos los cuerpos tenían sus hombros, y todas las miradas su suavidad y todo caminante su contoneo; hasta que en la proximidad, sus características siempre se desvanecían.
Cuando ya no toleró el desengaño de creerlo aproximarse, se preguntó qué haría si en efecto él llegara, en qué haría si él le dijera que no debía esperarlo. Un vacío muy pesado se apoderó de su pecho y sintió que el lugar de siempre, donde habían sido sus encuentros tantas veces, no tenía ya ningún valor.
Se dio cuenta entonces que era ella quien lo estaba esperando y no él quien la aguardaba en el lugar de siempre. Se sintió mal por estar ahí, porque era un hecho que él no buscaba encontrarla y que si por un descuido del azar tuviera que tomar el camino para pasar por donde ella estaba, lo obligaría a su encuentro y violaría su decisión de no encontrarla. Fue cuando se puso en pie y se alejó del lugar procurando no detenerse a ver rostro alguno.
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Le preocupaba el tiempo que había tardado en decidirse a ir, pero por fin llegó y se sentó donde siempre. Pensó que tarde o temprano ella tendría que pasar por ahí y que sólo era cuestión de que la esperara el tiempo suficiente para encontrarla de nuevo.
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lunes, 16 de mayo de 2011
Relato o algo: Quien nunca ha sabido fallar
Quien nunca ha sabido fallar
por Guz Guevara
Ella es hermosa; alta, delgada y de pechos llamativos, con un tono de piel amarillento, de verdosos y grandes ojos y nariz prominente, sus labios son escasos. Tiene cabello largo, rizado y de un falso color fuego. Sus tobillos son frágiles. Siempre ha requerido gafas, las cuales pocas veces utiliza. En ocasiones lleva una pulsera en su mano izquierda.
Ella es muy malhablada, suele pronunciar mal algunas palabras, es culta y dedicada, en ocasiones muy sensible y concurrentemente intolerante. Todo el tiempo sonríe, sin embargo es altamente reservada. Fría cuando se lo propone. Ama la soledad; tiene pocos amigos. La banalidad no es lo suyo.
Le fascina cocinar postres. Suele burlarse de las personas, sabe reírse de sí misma. Grita cuando se avergüenza. Lucha por sobresalir, busca la autenticidad. Muchos hablan de ella, prejuicios en su totalidad, suceso al que ha llegado a acostumbrarse al punto de disfrutarlo. Ama a la naturaleza, recoge y auxilia animales callejeros y baila desnuda en ocasiones.
Ella es mi amiga; y ella es perfecta.
Ella es muy malhablada, suele pronunciar mal algunas palabras, es culta y dedicada, en ocasiones muy sensible y concurrentemente intolerante. Todo el tiempo sonríe, sin embargo es altamente reservada. Fría cuando se lo propone. Ama la soledad; tiene pocos amigos. La banalidad no es lo suyo.
Le fascina cocinar postres. Suele burlarse de las personas, sabe reírse de sí misma. Grita cuando se avergüenza. Lucha por sobresalir, busca la autenticidad. Muchos hablan de ella, prejuicios en su totalidad, suceso al que ha llegado a acostumbrarse al punto de disfrutarlo. Ama a la naturaleza, recoge y auxilia animales callejeros y baila desnuda en ocasiones.
Ella es mi amiga; y ella es perfecta.
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Texto hurtado del blog de Guz Guevara
miércoles, 11 de mayo de 2011
Anecdotario: De los ridículos olvidos
(Crónicas nocturnas)
De los ridículos olvidos
Por Berenice Navarro
Noche 4
El cigarro que apagaste en el suelo sigue ahí, y aún siento tus palabras en el pecho. Los recuerdos ya no escurren de los ojos, me los tragué y ahora me dan asco. Me da asco cuando llamas, cuando vienes, y cuando te vas.
La botella me da asco. El olor de las flores que me diste me da asco, el olor de tu tabaco me da asco.
Noche 16
La nausea de tu recuerdo me robó unos kilos. Me pinté el cabello. Leí a Borges. Compré una blusa.
Noche 19
Conocí a un tipo, es diferente a ti; le vale madre ser pobre y estar prieto, tiene un cuerpo que no tendrías ni atascándote una sobredosis de esteroides.
Es alcoholico, violento, ignorante, todo un patán, sólo quiere sexo... Buneno, no es tan diferente.
Noche 35
Todavía no puedo creer que me nos hayas seguido en el coche.
Noche 49
Estoy escuchando uno de los discos, fueron un buen regalo de despedida, pero no creo que causen el efecto que desearías... llevo toda mi vida escuchando esas rolas, son tan especiales para mí que ni siquiera tú podrías cambiar lo que sus letras representan en mi vida. Aunque es triste creerle más a Robert Zimmerman que a ti.
La playera no la usé, le gustó a un tipo y se la dí porquees lindo escucha buen blues...
Noche 55
Me da lástima que sigas llorando por mi. Espero que sólo sea el alcohol, no te apures, a todos nos traiciona.
Por cierto, recogí tus cenizas y la botella que me ayudó a tragarme tus mentiras. Lo demás se queda con el olor de las flores muertas.
------------------------------
Berenice Navarro vive en San Luis Potosí. Tiene 20 años. Nunca ha hecho algo bueno.
Sueña con reencarnar en el último gusano que degustará su cadáver.
Recientemente aprendió a disfrutar los romances patéticos.
De los ridículos olvidos
Por Berenice Navarro
Noche 4
El cigarro que apagaste en el suelo sigue ahí, y aún siento tus palabras en el pecho. Los recuerdos ya no escurren de los ojos, me los tragué y ahora me dan asco. Me da asco cuando llamas, cuando vienes, y cuando te vas.
La botella me da asco. El olor de las flores que me diste me da asco, el olor de tu tabaco me da asco.
Noche 16
La nausea de tu recuerdo me robó unos kilos. Me pinté el cabello. Leí a Borges. Compré una blusa.
Noche 19
Conocí a un tipo, es diferente a ti; le vale madre ser pobre y estar prieto, tiene un cuerpo que no tendrías ni atascándote una sobredosis de esteroides.
Es alcoholico, violento, ignorante, todo un patán, sólo quiere sexo... Buneno, no es tan diferente.
Noche 35
Todavía no puedo creer que me nos hayas seguido en el coche.
Noche 49
Estoy escuchando uno de los discos, fueron un buen regalo de despedida, pero no creo que causen el efecto que desearías... llevo toda mi vida escuchando esas rolas, son tan especiales para mí que ni siquiera tú podrías cambiar lo que sus letras representan en mi vida. Aunque es triste creerle más a Robert Zimmerman que a ti.
La playera no la usé, le gustó a un tipo y se la dí porque
Noche 55
Me da lástima que sigas llorando por mi. Espero que sólo sea el alcohol, no te apures, a todos nos traiciona.
Por cierto, recogí tus cenizas y la botella que me ayudó a tragarme tus mentiras. Lo demás se queda con el olor de las flores muertas.
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Berenice Navarro vive en San Luis Potosí. Tiene 20 años. Nunca ha hecho algo bueno.
Sueña con reencarnar en el último gusano que degustará su cadáver.
Recientemente aprendió a disfrutar los romances patéticos.
lunes, 11 de abril de 2011
Croni-poema: El fin del mundo
El fin del mundo
por Luis Avila Candelaria
Veinticuatro horas al día, cada día, las sirenas de ambulancia cantan, a toda costa, a todo rincón. El temblor del pánico llega, lo adoptan, lo comen, lo invitan, lo imitan, se digiere y se apega. Está en la sala, en la recamara, en el closet, en al aire.
Un poeta dijo alguna vez: “nos toca cantar el fin de mundo”. Y un pintor le contesto: "cantaremos el fin del mundo, así como el renacimiento de las artes".
----------------------
Luis Avila Candelaria es de San Luis Potosí y estudia la lic. en Lengua y Literatura Hispanoamericanas. Él es un tipo emprendedor; le gusta promover la lectura y las artes.
A las mujeres les gusta componer sonatas en su honor.
por Luis Avila Candelaria
Veinticuatro horas al día, cada día, las sirenas de ambulancia cantan, a toda costa, a todo rincón. El temblor del pánico llega, lo adoptan, lo comen, lo invitan, lo imitan, se digiere y se apega. Está en la sala, en la recamara, en el closet, en al aire.
Un poeta dijo alguna vez: “nos toca cantar el fin de mundo”. Y un pintor le contesto: "cantaremos el fin del mundo, así como el renacimiento de las artes".
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Luis Avila Candelaria es de San Luis Potosí y estudia la lic. en Lengua y Literatura Hispanoamericanas. Él es un tipo emprendedor; le gusta promover la lectura y las artes.
A las mujeres les gusta componer sonatas en su honor.
viernes, 18 de febrero de 2011
Poema: Hace bien
Hace bien
Por Jonatan Gamboa
Morir hace bien a las seis de la mañana
hace bien en la mitad de un callejón alumbrado
en el fragor de una guerra injusta
porque así no se arruina el día
se brinda placer a ojos morbosos
se borra la muerte entre otras
Hace bien llorar un poco
hacerlo a la distancia
sin prisas
porque la vida se humedece de interiores
se conjuga sin placeres
se vierte honesta en las telas
Hace bien amar menos
amar sin prejuicios ni esperanzas
sin buscar parasiempres
porque no hay expectativas
se pierde la intensidad
no se buscan brazos para morir
Así
se descargan las sombras
la soledad no es una sorpresa
nadie llora burdamente
sin homenajes ni ceremonias
el silencio cubre las almas
tridentinas o pulcras
se envuelven las luces en las pieles
sin simulacros
queda la soledad expuesta
Hace bien morirse
de vez en cuando
-------------------------------
Jonatan Gamboa es el orgulloso papá de Dante. Estudia el doctorado en Humanidades en la UAM Iztapalapa, es Maestro en Historia por El Colsan, y Lic. En Ciencias Históricas por la EESCIHA. Estudió la Lic. en Letras Españolas en la UG. Es profesor en la CCSyH de la UASLP.
jueves, 17 de febrero de 2011
Cuento: Padre nuestro, madre mía
Padre nuestro, madre mía
Por Señor Violencia- Padre nuestro… y líbranos del mal, amén –. Las manos le sudaban, las rodillas le dolían, la voz se le quebraba, y todavía le faltaban diez Padres nuestros de la penitencia que le habían puesto.
Cuando finalmente terminó, casi se le sale una mentada de madre por el dolor que le provocó el levantarse. Por un momento, dudó sobre su fe en la religión, pero al ver a Jesús crucificado se arrepintió de inmediato, persignándose en rápidos movimientos varias veces, pero una pregunta se presentó en su mente:
- Si él es eterno, inmortal y todas esas omnicosas, ¿cómo es que pudo haber muerto? –siguió pensando la pregunta cuando entró a la sacristía.
- Hola hija, pásale –le dijo el padre Juan Diego al verla.
Estaba nerviosa, esperando junto a la puerta, mientras que él, seguro de sí mismo, dejó La Biblia sobre la mesa y se acercó a ella.
- Más hermosa que la mismísima virgen de Guadalupe –dijo acariciándole el cabello, quitándole un mechón rebelde de enfrente de la cara.
La besó muy lento.
Ella se dio cuenta que debajo de la sotana él estaba desnudo y listo para la acción.
Todo duró el Padre nuestro, el Credo y Ave María, rezos que él dijo mientras hacían el amor.
Ella se vistió lo más rápido que pudo, al tiempo que Juan Diego, todavía desnudo, se fumaba un cigarro en el sofá donde todo había pasado. Antes de que ella saliera de la sacristía, Juan Diego le dijo:
-Ah, por cierto, reza veinte Padres nuestros como penitencia a lo que acabas de hacer.
Al cerrar la puerta le mentó la madre, aun así, hizo la penitencia.
Cuando finalmente terminó, casi se le sale una mentada de madre por el dolor que le provocó el levantarse. Por un momento, dudó sobre su fe en la religión, pero al ver a Jesús crucificado se arrepintió de inmediato, persignándose en rápidos movimientos varias veces, pero una pregunta se presentó en su mente:
- Si él es eterno, inmortal y todas esas omnicosas, ¿cómo es que pudo haber muerto? –siguió pensando la pregunta cuando entró a la sacristía.
- Hola hija, pásale –le dijo el padre Juan Diego al verla.
Estaba nerviosa, esperando junto a la puerta, mientras que él, seguro de sí mismo, dejó La Biblia sobre la mesa y se acercó a ella.
- Más hermosa que la mismísima virgen de Guadalupe –dijo acariciándole el cabello, quitándole un mechón rebelde de enfrente de la cara.
La besó muy lento.
Ella se dio cuenta que debajo de la sotana él estaba desnudo y listo para la acción.
Todo duró el Padre nuestro, el Credo y Ave María, rezos que él dijo mientras hacían el amor.
Ella se vistió lo más rápido que pudo, al tiempo que Juan Diego, todavía desnudo, se fumaba un cigarro en el sofá donde todo había pasado. Antes de que ella saliera de la sacristía, Juan Diego le dijo:
-Ah, por cierto, reza veinte Padres nuestros como penitencia a lo que acabas de hacer.
Al cerrar la puerta le mentó la madre, aun así, hizo la penitencia.
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El Señor Violencia vive en San Luis Potosí. Es ingeniero y escritor (novela y cuento).
Es director general del Fanzine/Ezine “Ahí va el agua” ahivaelagua.macrohw.com . Creó el proyecto “MacroHW", el Podcast "Puras Habladas"; del cual nace "Puras Escuchadas" (www.macrohw/ricon), participó como colaborador en el Comic Quimeras.
Recientemente piblicó un par de cuentos en "Entropía", semanario cultural de "El Sol de San Luis".
Es director general del Fanzine/Ezine “Ahí va el agua” ahivaelagua.macrohw.com . Creó el proyecto “MacroHW", el Podcast "Puras Habladas"; del cual nace "Puras Escuchadas" (www.macrohw/ricon), participó como colaborador en el Comic Quimeras.
Recientemente piblicó un par de cuentos en "Entropía", semanario cultural de "El Sol de San Luis".
lunes, 14 de febrero de 2011
Cuento: Rellena mis espacios vacíos
Rellena mis espacios vacíos
Por Lilia Ávalos
Tal vez Galileo me entienda. Y es que yo era un péndulo que iba y venía entre mi Mesías y mi Revolucionario, ansioso de ir a cada uno de los lados para regresar al otro sin intención de traicionar a ninguno. Tómalo como quieras, porque la existencia de estos dos entes, de mi sístole y diástole, son tan ciertos como Don Quijote, el Che Guevara, como tú y como yo. ¿Cómo saber?, porque tenemos la palabra escrita, pero lo que no sé es si yo la escribo o si tú imaginas que yo escribo para que tú la leas. Einstein se burlaba también de esto cuando convirtió en teoría eso de la relatividad.
La verdad es que no quería dejar a ninguno de los dos, ¿cómo hago para que me entiendas?, es como si comenzaras a hacerme el amor mientras escribo esto, ¿cómo decidirse por uno, o peor, cómo despreciar a uno, si las dos son necesidades tan sentidas y urgentes, inaplazables? Ya vas comprendiendo lo angustiosos de mi situación, ¿eh? Imagínalo, una escena única e irrepetible, una obra de arte, una burbuja, una frase entre paréntesis, este aislamiento del mundo que se convierte en un mundo mismo, esta línea que dejó de ser línea para convertirse en punto.
No dejes de leerme, sígueme leyendo, porque conforme vislumbro a Rocinante, al Granma, a la tinta con la que te escribo y a tus ojos recubriendo mis palabras, me voy dando cuenta que alguien te imagina para que me inventes escribiendo esto y lo leas, y entonces seas real, y entonces yo sea real, y mis dos amores también. Por eso sígueme leyendo, no te detengas, porque si paras, nos quitarás el sentido de realidad, y no seremos nada, y no habrá nada; ni péndulo, ni Mesías, ni Revolucionario. Incluso este minúsculo punto creado desaparecerá y ello implicará que habré fracasado, porque querrá decir entonces que perdí a mis dos amores. ¿Te dije que escribí esto para sentirlos al menos otro segundo?
♥------------------------
Lilia es de San Luis Potosí, estudia Lengua y Literatura Hispanoamericanas.
Ella vive en el mundo de las letras, ese que está cerca de la trova y del lado del corazón.
Ella vive en el mundo de las letras, ese que está cerca de la trova y del lado del corazón.
domingo, 23 de enero de 2011
Cuento corto: Elisa
Elisa
por Madame
Elisa está cansada de sentirse triste. Mientras su cara contraída vuelve a salarse, se pregunta cómo puede nacer de sus ojos tanto dolor cuando está derrotada y marchita...
Ella es como un barco perdido, que bajo el cielo de octubre quedó atrapado en una pesadilla recurrente.
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Madame, algunas ocasiones habla en tercera persona.
por Madame
Elisa está cansada de sentirse triste. Mientras su cara contraída vuelve a salarse, se pregunta cómo puede nacer de sus ojos tanto dolor cuando está derrotada y marchita...
Ella es como un barco perdido, que bajo el cielo de octubre quedó atrapado en una pesadilla recurrente.
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Madame, algunas ocasiones habla en tercera persona.
viernes, 14 de enero de 2011
Relato o algo: " . "
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Por Lliliana Huerta
Rodeada de mis soledades, de mis inmensos vacíos, de mis interminables confusiones, de mis tímidas palabras; no encuentro algo coherente, algo con significado, algo valioso o presente. No encuentro nada, ni el polvo, ni la ceniza, ni la arena, ni las bacterias, ni el olor. No encuentro nada, no entiendo nada. De nuevo entre mis enredaderas, entre las miles de espinas, entre los tormentosos bullicios, entre las inconsolables preguntas, entre los vivos y los muertos...
Pendo de un maldito hilo; el mismo que me corta y me sofoca, el mismo que me suspende en el silencio, en el inmenso vacío.
Y mis pensamientos forman torbellinos de confusiones, forman pasadizos de histeria, esquinan a cada uno de mis temores, se zambullen en mis patéticas lagrimas y mi maldita boca solo quiere preguntar: ¿Dónde estás?...
Ese insípido vacio, ya ni siquiera me lastima, es sólo factoría de silencios, de conformidades, de quejas mudas, desganadas, de reclamos olvidados, de peticiones indeseadas, de nada...
Y nada existe, ya nada es aquí, fue y pasó, fue real lo que nunca quise que fuera, y me dejé envolver, me convertí en recibidor de todo lo irreal, de todo lo que ahora se tiene que negar...
Y es toxica esta sangre vertiginosa, contaminada de tus fluidos, de tus parásitos, de tus miles de diminutos tús, de miles de cajas retóricas huecas, ¿por dónde asechas?, ¿detrás de qué máscara te encierras?
Ya no están tus ladridos, ya no existen tus aullidos, tus gozosos gemidos, ya no estás presente, ya no estás profundo, ya no estás constante, ya no estás, ya no estás...
Soy hacedora de mí, critica de todo de mí, dadora de realidades inaceptadas o esquivadas, repulsivas y ofensivas...
Y perdí 21 gramos, después de tantos daños a mi cerebro... mi bomba sanguínea ya no brinca, ya no esparce tus toxinas...
--------------------------------------------------
Liliana Huerta es potosina. Estudia Lengua y Literatura Hispanoamericanas. Escribió estas letras en compañía de mal tabaco y un café negro después de la rutina hiriente y patética.
Ella vuela entre sombras de tonalidades ámbar, vive en los recuerdos y en tus pupilas dilatadas.
Por Lliliana Huerta
Rodeada de mis soledades, de mis inmensos vacíos, de mis interminables confusiones, de mis tímidas palabras; no encuentro algo coherente, algo con significado, algo valioso o presente. No encuentro nada, ni el polvo, ni la ceniza, ni la arena, ni las bacterias, ni el olor. No encuentro nada, no entiendo nada. De nuevo entre mis enredaderas, entre las miles de espinas, entre los tormentosos bullicios, entre las inconsolables preguntas, entre los vivos y los muertos...
Pendo de un maldito hilo; el mismo que me corta y me sofoca, el mismo que me suspende en el silencio, en el inmenso vacío.
Y mis pensamientos forman torbellinos de confusiones, forman pasadizos de histeria, esquinan a cada uno de mis temores, se zambullen en mis patéticas lagrimas y mi maldita boca solo quiere preguntar: ¿Dónde estás?...
Ese insípido vacio, ya ni siquiera me lastima, es sólo factoría de silencios, de conformidades, de quejas mudas, desganadas, de reclamos olvidados, de peticiones indeseadas, de nada...
Y nada existe, ya nada es aquí, fue y pasó, fue real lo que nunca quise que fuera, y me dejé envolver, me convertí en recibidor de todo lo irreal, de todo lo que ahora se tiene que negar...
Y es toxica esta sangre vertiginosa, contaminada de tus fluidos, de tus parásitos, de tus miles de diminutos tús, de miles de cajas retóricas huecas, ¿por dónde asechas?, ¿detrás de qué máscara te encierras?
Ya no están tus ladridos, ya no existen tus aullidos, tus gozosos gemidos, ya no estás presente, ya no estás profundo, ya no estás constante, ya no estás, ya no estás...
Soy hacedora de mí, critica de todo de mí, dadora de realidades inaceptadas o esquivadas, repulsivas y ofensivas...
Y perdí 21 gramos, después de tantos daños a mi cerebro... mi bomba sanguínea ya no brinca, ya no esparce tus toxinas...
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Liliana Huerta es potosina. Estudia Lengua y Literatura Hispanoamericanas. Escribió estas letras en compañía de mal tabaco y un café negro después de la rutina hiriente y patética.
Ella vuela entre sombras de tonalidades ámbar, vive en los recuerdos y en tus pupilas dilatadas.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Cuento: Sin sentido del ritmo y la armonía
Sin sentido del ritmo y la armonía
Por Lorena Torres Martell
Por Lorena Torres Martell
Me han invitado a pasar, dentro de esta cajita musical en la que he encontrado una nota desacorde que arruina la pieza de sinfonola y nadie lo nota.
–"Son pocos los solitarios y tontos que llegan hasta aquí, hurga entre esta inmundicia y llévate una sola cosa antes de huir.... "
Y entre sus besos amargos y las cajas de cigarros; encontré a Elvis, encontré mi ojo derecho que una rata se llevó, encontré miles de mentiras que formaban la estructura de nuestro mundo, encontré esa fractura en el equilibrio de la humanidad, encontré mi reflejo en un espejo de noche. Encontré mi cabeza con sus falsos delirios y copas de más, encontré un corazón y La muerte ideal.
–Sólo tomaré la nota correcta, este desafino me hará reventar los oídos....
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Lore vive en San Luis Potosí, estudió algo de Leyes, pero no era lo suyo; actualmente estudia Artes Plásticas. Toca el violín y a ratos el piano.
Ella parece haber escapado de la poesía de alguno de los malditos; es un imán para los locos.
Recientemente perdió un ojo... pero ya lo encontró.
Ella parece haber escapado de la poesía de alguno de los malditos; es un imán para los locos.
Recientemente perdió un ojo... pero ya lo encontró.
domingo, 26 de diciembre de 2010
Relato o algo: Tu fotografía
Tu fotografía
Por Gustavo Martinez Guevara
Hace un par de días me encontré tu foto. Al principio la pasé por alto, después la acaricié, y un par de lágrimas corrieron de mis ojos, un número interminable de recuerdos se alojaron en mi mente, recordé tus manos, tu sonrisa, tus ojos, y cada una de las palabras que me dedicaste esa noche. Quise también recordar tu olor, pero ya olvidé como era, quise recordar tu calor, pero se convirtió en una nula memoria.
Estuve observándola durante un tiempo, dedicándole palabras en silencio, contemplando cada detalle, el día en que fue tomada, los colores que la adornan, las personas y artículos que la complementan. Una gran sensación se centró en mi ser y las ganas de abrazarte me invadieron por completo. Lamentablemente me quedé con la intención de hacerlo... y lo único que pude hacer, fue desearte lo mejor, agradecerte por las lecciones otorgadas, por el cariño brindado, por las acciones y palabras dedicadas, y claro está; esperar que tu vida fuera plena.
Ayer me entero que te encuentras peor que nunca...
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Guz escribió esto a alguien que amó y nunca se lo hizo saber.
lunes, 20 de diciembre de 2010
Cuento: El lado obscuro de la almohada
El lado obscuro de la almohada
Por Mayela Valadez
Cada día en la mañana lo veía entrar a su oficina, con su maletín de piel, su traje caro, su cara resplandeciente: cero arrugas, sin ojeras y con una gran sonrisa; una cara común entre las personas que han pasado una buena noche, gente sin insomnio, seres humanos que tienen el privilegio de dormir hasta 8 horas. Lo observaba con envidia y con una especie de odio que crecía hora a hora.
–Buenos días jefe –le saludó
–¡Buenos días mi subordinado!, si sonriera más seguido esas ojeras desaparecerían, jajaja, póngase a trabajar –le respondió mientras entraba carcajeándose a su oficina.
–Maldito –pensó, cómo lo odiaba...
Él odiaba a todo aquel que durmiera más de 8 horas, a quien tuviera una cara radiante, una sonrisa que mostrara unos dientes blancos, odiaba a todo aquel que no tuviera una almohada parlante como la de él. Cada noche durante sus 40 años de vida, al apoyar su cabeza en esa misma y maldita almohada, ésta le recordaba todas las cosas que había hecho mal en el día, le recordaba su miserable infancia, su pésima adolescencia y su vida de juventud como becado en una institución. Cada noche, por más que contara hasta tres mil borregos, por más que tomara pastillas o tés de diversas yerbas, su almohada no lo dejaba dormir.
–¡Qué inútil invento del hombre! –gritando esto, se levantó una noche y arrojó la almohada al piso.
Esa ocasión no sólo no pudo dormir, sino que al día siguiente se levantó con un dolor en el cuello que lo puso aún mas irritable y no lo dejó trabajar.
–Maldita almohada, tal vez se hizo sólo para ayudar al cuello a descansar la grande y pesada pieza contenedora del cerebro, ¡bah!, pero a mí de qué demonios me sirve. Esa estúpida almohada y ese trabajo mediocre me están sacando de quicio –le gritó un día a su madre por teléfono, cuando ella le llamó para saber cómo se encontraba.
Y así pasaban sus días; por las mañanas soportaba las humillaciones de su jefe y por las noches los interminables monólogos de su almohada. Hasta que un día, estando en una junta con su jefe, observándolo detalladamente con odio y envidia, se dio cuenta de la causa de sus males…
–¿Cómo es su almohada jefe? –le preguntó de repente.
–¡Qué!, ¿para qué quiere saber eso?
–Sólo dígamelo, se ve que duerme muy bien y últimamente he pensado en cambiar la mía
El jefe soltó una ruidosa carcajada y le respondió:
–Es usted un hombre triste y amargado, ¿no le basta con eso?, ¡y ahora además loco!, pero le diré; mi almohada es única, está repleta de plumas de ganso, pero no de cualquiera; son gansos parisenses, el forro es de seda y esta cosida a mano, así que mi estimado, dudo mucho que pueda comprarse o siquiera conseguir una igual. Por favor, deje de preguntarme cosas estúpidas o lo echare a la calle. Ahora continuemos trabajando –
El sólo bajó apenado la mirada y maldijo al jefe en silencio.
Esta noche fue la peor del mes; la almohada lo insultó todo el tiempo ¿Cómo es que se atrevió a hacerle una pregunta tan tonta al jefe?, y lo peor; ¿cómo es que pensaba en cambiarla? Esa noche la almohada colmó su paciencia, él se levantó, le quitó la funda y la volvió a arrojar al suelo. No le importaba que al día siguiente su cuello doliera, al fin ya sabía qué hacer para terminar con todos sus males.
Al otro día no fue a trabajar. Se quedó en su casa planeando cómo robar la almohada de su jefe y gastó ocho horas arreglando un lugar en el cual poner la almohada una vez que la tuviera. Así le llego la noche, salió de su casa armado con su vieja almohada, dispuesto a cambiar su vida.
No le costó trabajo entrar a la mansión de su jefe, pues era muy escuálido... En menos de 10 minutos ya estaba en el cuarto frente al hombre que más odiaba. Entonces, tomó su fea y aguada almohada parlante y la apoyó con furia contra la cara de su jefe hasta asfixiarlo. Cuando se aseguró que ya no respiraba, jaló con fuerza la almohada por debajo de la cabeza, arrojó su sucia, fea, aguada y parlante almohada a la cara del jefe y salió corriendo, lejos del ser humano y del maldito objeto que habían hecho de su vida un tormentoso infierno.
Llegó a casa con la almohada de plumas, blanca, reluciente y suave, sabía que ésta era la indicada.
La noche del rapto, él había dormido plácidamente, a la mañana siguiente tenia mejor humor. Se levantó temprano, desayunó y se lavó los dientes, cosa que no hacía desde el inicio de su insomnio.
Camino al trabajo, se arregló su corbata sucia pensando en que ese mismo día la lavaría, y emprendió el paso sonriéndole a todo peatón que se le cruzara. Llegó a la oficina, saludó a todos, limpió su lugar de trabajo y se sentó alegremente. Todos lo miraban sorprendidos, pero a él no le importaba.
–¿Ya llego el jefe? –le preguntó a su compañero de al lado, al que nunca le hablaba.
–No –le respondió contrariado mirando con asco sus dientes.
–Bueno, a lo mejor ya no regresa y esta vez si me ascienden, ¿no cree? –.
Su compañero solo acertó a mirarlo.
Al final del día fue el último en salir del edificio, y a pesar de estar cansado aún conservaba su amarilla sonrisa. De camino a casa cantó y compró varios objetos de limpieza
-¿Cómo es que vivo en un lugar tan sucio? -Se dijo.
Esa noche después de limpiar toda su casa, cenar, lavarse los dientes y ponerse su pijama nueva, tomó la almohada del altar que le construyó, apoyó lentamente su cabeza, en la ahora sagrada almohada blanca de plumas, sonrió por última vez en la jornada, cerró los ojos y se disponía a dormir... cuando de repente, escuchó un susurro...
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Mayela nació en Villa de Arriaga (San Luis Potosí), estudia lengua y literatura hispanoamericanas.
Leyó este cuento en el "Segundo encuentro de creadores y letreros" tras arduas batallas por conseguir el auditorio.
Recientemente publicó "Recuperando mi virginidad" en Cuentos Potosinos.
*Como en muchos de sus cuentos, cabe aclarar que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
Por Mayela Valadez
Cada día en la mañana lo veía entrar a su oficina, con su maletín de piel, su traje caro, su cara resplandeciente: cero arrugas, sin ojeras y con una gran sonrisa; una cara común entre las personas que han pasado una buena noche, gente sin insomnio, seres humanos que tienen el privilegio de dormir hasta 8 horas. Lo observaba con envidia y con una especie de odio que crecía hora a hora.
–Buenos días jefe –le saludó
–¡Buenos días mi subordinado!, si sonriera más seguido esas ojeras desaparecerían, jajaja, póngase a trabajar –le respondió mientras entraba carcajeándose a su oficina.
–Maldito –pensó, cómo lo odiaba...
Él odiaba a todo aquel que durmiera más de 8 horas, a quien tuviera una cara radiante, una sonrisa que mostrara unos dientes blancos, odiaba a todo aquel que no tuviera una almohada parlante como la de él. Cada noche durante sus 40 años de vida, al apoyar su cabeza en esa misma y maldita almohada, ésta le recordaba todas las cosas que había hecho mal en el día, le recordaba su miserable infancia, su pésima adolescencia y su vida de juventud como becado en una institución. Cada noche, por más que contara hasta tres mil borregos, por más que tomara pastillas o tés de diversas yerbas, su almohada no lo dejaba dormir.
–¡Qué inútil invento del hombre! –gritando esto, se levantó una noche y arrojó la almohada al piso.
Esa ocasión no sólo no pudo dormir, sino que al día siguiente se levantó con un dolor en el cuello que lo puso aún mas irritable y no lo dejó trabajar.
–Maldita almohada, tal vez se hizo sólo para ayudar al cuello a descansar la grande y pesada pieza contenedora del cerebro, ¡bah!, pero a mí de qué demonios me sirve. Esa estúpida almohada y ese trabajo mediocre me están sacando de quicio –le gritó un día a su madre por teléfono, cuando ella le llamó para saber cómo se encontraba.
Y así pasaban sus días; por las mañanas soportaba las humillaciones de su jefe y por las noches los interminables monólogos de su almohada. Hasta que un día, estando en una junta con su jefe, observándolo detalladamente con odio y envidia, se dio cuenta de la causa de sus males…
–¿Cómo es su almohada jefe? –le preguntó de repente.
–¡Qué!, ¿para qué quiere saber eso?
–Sólo dígamelo, se ve que duerme muy bien y últimamente he pensado en cambiar la mía
El jefe soltó una ruidosa carcajada y le respondió:
–Es usted un hombre triste y amargado, ¿no le basta con eso?, ¡y ahora además loco!, pero le diré; mi almohada es única, está repleta de plumas de ganso, pero no de cualquiera; son gansos parisenses, el forro es de seda y esta cosida a mano, así que mi estimado, dudo mucho que pueda comprarse o siquiera conseguir una igual. Por favor, deje de preguntarme cosas estúpidas o lo echare a la calle. Ahora continuemos trabajando –
El sólo bajó apenado la mirada y maldijo al jefe en silencio.
Esta noche fue la peor del mes; la almohada lo insultó todo el tiempo ¿Cómo es que se atrevió a hacerle una pregunta tan tonta al jefe?, y lo peor; ¿cómo es que pensaba en cambiarla? Esa noche la almohada colmó su paciencia, él se levantó, le quitó la funda y la volvió a arrojar al suelo. No le importaba que al día siguiente su cuello doliera, al fin ya sabía qué hacer para terminar con todos sus males.
Al otro día no fue a trabajar. Se quedó en su casa planeando cómo robar la almohada de su jefe y gastó ocho horas arreglando un lugar en el cual poner la almohada una vez que la tuviera. Así le llego la noche, salió de su casa armado con su vieja almohada, dispuesto a cambiar su vida.
No le costó trabajo entrar a la mansión de su jefe, pues era muy escuálido... En menos de 10 minutos ya estaba en el cuarto frente al hombre que más odiaba. Entonces, tomó su fea y aguada almohada parlante y la apoyó con furia contra la cara de su jefe hasta asfixiarlo. Cuando se aseguró que ya no respiraba, jaló con fuerza la almohada por debajo de la cabeza, arrojó su sucia, fea, aguada y parlante almohada a la cara del jefe y salió corriendo, lejos del ser humano y del maldito objeto que habían hecho de su vida un tormentoso infierno.
Llegó a casa con la almohada de plumas, blanca, reluciente y suave, sabía que ésta era la indicada.
La noche del rapto, él había dormido plácidamente, a la mañana siguiente tenia mejor humor. Se levantó temprano, desayunó y se lavó los dientes, cosa que no hacía desde el inicio de su insomnio.
Camino al trabajo, se arregló su corbata sucia pensando en que ese mismo día la lavaría, y emprendió el paso sonriéndole a todo peatón que se le cruzara. Llegó a la oficina, saludó a todos, limpió su lugar de trabajo y se sentó alegremente. Todos lo miraban sorprendidos, pero a él no le importaba.
–¿Ya llego el jefe? –le preguntó a su compañero de al lado, al que nunca le hablaba.
–No –le respondió contrariado mirando con asco sus dientes.
–Bueno, a lo mejor ya no regresa y esta vez si me ascienden, ¿no cree? –.
Su compañero solo acertó a mirarlo.
Al final del día fue el último en salir del edificio, y a pesar de estar cansado aún conservaba su amarilla sonrisa. De camino a casa cantó y compró varios objetos de limpieza
-¿Cómo es que vivo en un lugar tan sucio? -Se dijo.
Esa noche después de limpiar toda su casa, cenar, lavarse los dientes y ponerse su pijama nueva, tomó la almohada del altar que le construyó, apoyó lentamente su cabeza, en la ahora sagrada almohada blanca de plumas, sonrió por última vez en la jornada, cerró los ojos y se disponía a dormir... cuando de repente, escuchó un susurro...
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Mayela nació en Villa de Arriaga (San Luis Potosí), estudia lengua y literatura hispanoamericanas.
Leyó este cuento en el "Segundo encuentro de creadores y letreros" tras arduas batallas por conseguir el auditorio.
Recientemente publicó "Recuperando mi virginidad" en Cuentos Potosinos.
*Como en muchos de sus cuentos, cabe aclarar que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
Poema: Dalia negra
Dalia negra
Dos hemisferios
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Orlando es potosino y estudia Lengua y literatura hispanoamericanas. Él es alguien que persevera siempre en alcanzar sus sueños.
Escribió este poema mientras sus compañeros se enriquecían de sabiduría en la clase de Español superior.
Por Orlando Tristán
Dos hemisferios
de una flor oscura
alejados…
seccionados
como el corte
entre la noche y el día
debido al ocaso…
o el alba
como el mar y la arena
de la noche perfecta
para besar a la luna…
como el distanciamiento
del llanto a tus ojos
cuando tu pena es extensa
y el piso es tan cerca
para atrapar una gota.
Los labios
más abiertos
por el tajo
de un cuchillo
como pétalos divididos
silenciando señales
sin recibir más el polen
de los insectos
infectos.
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Orlando es potosino y estudia Lengua y literatura hispanoamericanas. Él es alguien que persevera siempre en alcanzar sus sueños.
Escribió este poema mientras sus compañeros se enriquecían de sabiduría en la clase de Español superior.
sábado, 11 de diciembre de 2010
Cuento: Más allá de tu intimidad
Más allá de tu intimidad
Por Gabriela d´Arbel
Me gusta cuando cortas pequeños pedazos de queso, cuando sólo pones un poco de leche en tu vaso. Comes tan poco. Me entretiene escucharte cuando, en voz alta, piensas en tus historias, cuando besas el espejo o huyes del silencio y lo rompes tarareando una canción.
No sabes cómo disfruto, cuando dejas la copa de vino en la sala y yo persigo tus huellas en su trasparencia, y gozo lamiendo las diminutas partículas de saliva que dejas en su canto. Sentir, por las noches, tus movimientos cuando duermes, a veces agitados, otras tan serenos como los fragmentos de luna que algunas veces no deja dormir a los muebles de tu cuarto. ¿Sabías que hablas mientras duermes, que cuentas anécdotas que sólo los grillos y los gatos pueden entender?
No sé cuánto tiempo pueda durar así, viviendo de ti. En los escondites que se han vuelto cotidianos. Te veo desde el cuarto de servicio antes de que te vayas, nunca te acabas la leche. Después bebo lo que quedó en tu vaso, devoro dos rebanadas de jamón, quizás un poco de queso. En las noches vivo debajo de tu cama y me cobija el polvo, y los ruidos que haces.
No me gustan tus fiestas porque me obligas a ir al sótano, no quiero que tus amigos me perciban. Lo bueno es que organizas muy pocas. No me quiero ir, me gustaría seguir comiendo tus manzanas, bañarme en tu tina y perseguir los cabellos que dejaste y aún flotan en el agua enjabonada. Algunas veces estuve a punto de abrazarte y decirte que llevo mucho tiempo viviendo contigo; decirte que conozco cada movimiento tuyo, aún en la intimidad; que tu perro sabe que estoy aquí y ya me quiere. Pero no te lo diré, quiero que esto dure un poco más.
La cotidianidad en que vives te protege y me protege. Sé lo que harás y sé lo que haré. No quiero que llegue nadie a vivir contigo porque tomaré una decisión drástica, y dejaré salir mi rabia. Terminaremos en esta casa como en una tumba.
Del libro La casa azul. Protegido por derechos de autor.
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Gabi nació en Guadalajara y vive en San Luis Potosí. Se considera amante de los objetos que amueblan la obscuridad. Es escritora, guionista y abogada.
Por Gabriela d´Arbel
Me gusta cuando cortas pequeños pedazos de queso, cuando sólo pones un poco de leche en tu vaso. Comes tan poco. Me entretiene escucharte cuando, en voz alta, piensas en tus historias, cuando besas el espejo o huyes del silencio y lo rompes tarareando una canción.
No sabes cómo disfruto, cuando dejas la copa de vino en la sala y yo persigo tus huellas en su trasparencia, y gozo lamiendo las diminutas partículas de saliva que dejas en su canto. Sentir, por las noches, tus movimientos cuando duermes, a veces agitados, otras tan serenos como los fragmentos de luna que algunas veces no deja dormir a los muebles de tu cuarto. ¿Sabías que hablas mientras duermes, que cuentas anécdotas que sólo los grillos y los gatos pueden entender?
No sé cuánto tiempo pueda durar así, viviendo de ti. En los escondites que se han vuelto cotidianos. Te veo desde el cuarto de servicio antes de que te vayas, nunca te acabas la leche. Después bebo lo que quedó en tu vaso, devoro dos rebanadas de jamón, quizás un poco de queso. En las noches vivo debajo de tu cama y me cobija el polvo, y los ruidos que haces.
No me gustan tus fiestas porque me obligas a ir al sótano, no quiero que tus amigos me perciban. Lo bueno es que organizas muy pocas. No me quiero ir, me gustaría seguir comiendo tus manzanas, bañarme en tu tina y perseguir los cabellos que dejaste y aún flotan en el agua enjabonada. Algunas veces estuve a punto de abrazarte y decirte que llevo mucho tiempo viviendo contigo; decirte que conozco cada movimiento tuyo, aún en la intimidad; que tu perro sabe que estoy aquí y ya me quiere. Pero no te lo diré, quiero que esto dure un poco más.
La cotidianidad en que vives te protege y me protege. Sé lo que harás y sé lo que haré. No quiero que llegue nadie a vivir contigo porque tomaré una decisión drástica, y dejaré salir mi rabia. Terminaremos en esta casa como en una tumba.
Del libro La casa azul. Protegido por derechos de autor.
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Gabi nació en Guadalajara y vive en San Luis Potosí. Se considera amante de los objetos que amueblan la obscuridad. Es escritora, guionista y abogada.
![]() |
| Tiene tres libros; La cerca y un espejo, Cordelia y otros fantasmas, y La casa azul. |
viernes, 10 de diciembre de 2010
Fotopoema: Frío
Frío
Por Inestable Drama
Para Karla Narváez Soto
En espesos parajes de niebla te ocultas…
Entre arboles otoñales juegas,
El frio a tu par recorre
Los caminos alfombrados de doradas hojas
Frio que me besa la cara,
Recorre mi cuello ansioso
Toca mi pecho agitado
Me abraza entero, delicioso frio.
Nada deja sin cubrir,
Me recorre como al bosque
Ocupando cada espacio, así me entrego a el
Como inundado por el placer
Mantiene inquieto mi cuerpo
Despierta mi alma, la activa.
El frio de mis manos acariciando mi cara
El pelo, intensa sensación
Mi cuerpo cubierto de frio
Matizando el tuyo ardiente
Una entrega paciente
De toques helados en mi piel
Extrema lujuria, inquieta, única
Deseo candente refrescado por mi fría lascivia
Tu piel de calor vivo
Refrescándome las ganas
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Inestable Drama (Daniel Debo Armenta) es comunicólogo, escribió este poema en otoño de 2010 para Karla Narváez Soto.
domingo, 5 de diciembre de 2010
Poema: Violetas
Violetas
Por Blanca Luz Paz Torres
Por Blanca Luz Paz Torres
Victoria será que no me sientas
Saber que te desangras de deseo
Que tus brazos como hojas
Lloran el rocío de mi aliento
Mi victoria será olvidarte
Perder tus huellas
En la piel del viento
Escamas sin nombre
Sin labios para nombrarte
Una vida de amnesia
Será mi triunfo
Figurar tu imagen
El día en que mi alma
Se una al firmamento
Donde te encontraré
Y viviré mi duelo
Aun teniendo cuerpo
Aquí estoy, no para ti
Triunfo napoleónico
Es mi exilio entre violetas
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Blanca Paz es potosina y le hace siempre honor a su nombre. Para ella no es difícil encontrar la
felicidad a su alrededor.
felicidad a su alrededor.
Estudia Lengua y literatura hispanoamericanas como segunda carrera.
sábado, 4 de diciembre de 2010
Relato o algo: Cenizas pálidas
Cenizas pálidas
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Viridiana Urías (Madame) escribió estas letras al conocer el tedio de la decepción.
Por Madame
Un martes veintitrés de febrero, tuve frío y te mostré cómo encender una llama con las palabras.
Subestimándola por ser pequeña, te acercaste a ella, te quemaste... y te quedaste; gozando del incendio que carcomió tu carne en un orgasmo... que no tardó en terminar.
¡Y ahora te arrepientes de estar obscurecido!, me culpas de tener corazón y cuerpo hechos polvo.
En silencio te preguntas; ¿cómo es que todavía duele? Y es que hay cenizas que siguen rojas, arden y duermen sobre la piel, -todavía queman-.
No me abraces para cuidarlas, ¿añoras prolongar el brillo?... ¡sólo morirán despacio! Así que me voy, para dar paso al viento, que las enfurece y luego las mata; porque cuando invada la palidez del frío a lo que fuera tan rojo como enfermizo, vendrán a ti los recuerdos de mi piel blanca, y podrás llorar más fuerte al saber que no puedes quemar las cenizas de un libido, las cenizas lívidas. Al descubrir que no puedes guardar el cadáver de un sentimiento esperando que no se evapore, que no vuele escapando entre tus dedos. Que un doloroso incendio te impregna de su eterno aroma.
¿Te pesa el sufrir al contemplar cómo se apaga mi luz en ti? No te preocupes, no quiero más de ella en tu miseria. Porque el que sabe jugar con fuego aprende a quemarse, y a usar leña barata para quitarse el frío pasajero.Subestimándola por ser pequeña, te acercaste a ella, te quemaste... y te quedaste; gozando del incendio que carcomió tu carne en un orgasmo... que no tardó en terminar.
¡Y ahora te arrepientes de estar obscurecido!, me culpas de tener corazón y cuerpo hechos polvo.
En silencio te preguntas; ¿cómo es que todavía duele? Y es que hay cenizas que siguen rojas, arden y duermen sobre la piel, -todavía queman-.
No me abraces para cuidarlas, ¿añoras prolongar el brillo?... ¡sólo morirán despacio! Así que me voy, para dar paso al viento, que las enfurece y luego las mata; porque cuando invada la palidez del frío a lo que fuera tan rojo como enfermizo, vendrán a ti los recuerdos de mi piel blanca, y podrás llorar más fuerte al saber que no puedes quemar las cenizas de un libido, las cenizas lívidas. Al descubrir que no puedes guardar el cadáver de un sentimiento esperando que no se evapore, que no vuele escapando entre tus dedos. Que un doloroso incendio te impregna de su eterno aroma.
Un jueves 23 de septiembre, me enseñaste a extinguir toda luz con mis propias lágrimas
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Viridiana Urías (Madame) escribió estas letras al conocer el tedio de la decepción.
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