Espejismos
Por Santhiage Maquiavelo
Aquellos faroles son mi fantasia, el viento sabe a recordarte dolorosamente, todo a mi alrededor cambia de color y busco un tono para volverme abstracto, ninguna pregunta tiene sentido si tengo todas las respuestas y pasa lo mismo si te imagino conociendote perfectamente.
Pero el camino es ya bastante largo sin pensar en tu ausencia, lo sera más si logro verte aqui.
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sábado, 27 de agosto de 2011
Poema
de Santhiage Maquiavelo
Permanezco frente a los ciruelos como cada atardecer, cuando el verano termina, sus hojas caen con los amores vacacionales, pronto la lluvia las arrastrará como a quien busca un sueño sin notar que ha despertado, prenderé un cigarrillo para oscurecer la memoria que conduce al desvelo, y el sol hará vapor en horizontes murmurando su adiós, como el silencio en que logra escapar.
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Permanezco frente a los ciruelos como cada atardecer, cuando el verano termina, sus hojas caen con los amores vacacionales, pronto la lluvia las arrastrará como a quien busca un sueño sin notar que ha despertado, prenderé un cigarrillo para oscurecer la memoria que conduce al desvelo, y el sol hará vapor en horizontes murmurando su adiós, como el silencio en que logra escapar.
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viernes, 12 de agosto de 2011
Cuento
Para las fans de Señor Violencia que pidieron más, les dejamos la primera parte de un cuento publicado de su blog.
Esto sucedió hace tanto tiempo que no se puede decir en qué época fue. El lugar donde aconteció no es importante en sí, el nombre del reino no importa, es más, podría ponérsele cualquier nombre y serviría para poder describirlo, lo principal es lo que ahí paso.
Mentiríamos si decimos que el rey era el mas noble y bueno de los reyes del mundo, pero estaríamos equivocados si lo hacemos. En realidad era un hombre temible y un poco tirano, tenia al reino hundido en la miseria y tenia muchos enemigos. Fue hasta que el primogénito del rey llegó al mundo, cuando el modo de ser del rey cambió, lo hizo mas feliz y amable.
Pero la felicidad del rey no duró mucho, fue una noche antes de que el infante cumpliera un mes de vida, cuando alguien moviéndose entre las sombras traspaso la seguridad que había alrededor del niño, tomando a todo el reino dormido, tomó al infante y regresó por donde había llegado.
Después del secuestro del primogénito todo el reino tenia miedo, no sabían quien había sido y cómo es que reaccionaria el rey. Pero él estaba demasiado trastornado por no saber quién se había llevado a su hijo, nadie sabia nada, lo único que habían encontrado que servía para encontrar al secuestrador y al niño fue una rosa negra atada con un listón rojo.
Fue entonces cuando el rey asignó su mejor guerrero para que encontrara aquel que se había llevado a su hijo. Mas este guerrero no sólo era diestro con las armas si no también con las artes místicas de la magia. Artes que muy pocos conocen y todavía menos logran dominarlas. El nombre del guerrero tampoco importa en verdad.
El guerrero subió a su caballo y salió del castillo, al pasar por la ciudad la gente se hacía a un lado para que pudiera pasar, la gente se quedaba boquiabierta al ver al guerrero, que con su brillante armadura reflejaba los rayos del sol.
Cuando salió de la ciudad se encaminó hacia ciertos lugares en medio del bosque que rodeaba a la ciudad, en estos lugares vivían algunos conocidos suyos, que iban desde hechiceros hasta vulgares ladrones y taberneros a los cuales el guerrero interrogó acerca de quién había secuestrado al pequeño del emperador de la comarca, pero nadie pudo darle razón, sin embargo el guerrero no se desanimó y siguió buscando a alguien que le pudiera dar información.
Cansado por las horas de infructuosa búsqueda el guerrero decidió darse un pequeño descanso a las orillas de un pequeño riachuelo que corría por el bosque, bajó de su cabalgadura, se quitó parte de la armadura y se mojó la cara en el arroyo, pero cuando levantó la cara vio reflejado a un pequeño y horroroso ser de pie en la otra orilla, el guerrero sin verlo, se dirigió donde había dejado su armadura y se la volvió a poner, regresó a la orilla y sin ver al ser lo saludó de la más amable y respetuosa manera posible, éste contestó el saludo de la misma manera, entonces el guerrero pudo por fin verlo a la cara, el guerrero le preguntó de igual manera de cómo lo había saludado, o sea, muy respetuosa y amable de que si él sabia quién había tomado al niño del rey, el ser le contesto que sí, el guerrero preguntó si se le podría decir dónde encontrarlo, el ser le empezó a decir que tenia que cabalgar rumbo a donde se oculta el sol durante 2 días, ahí encontraría una serie de señales y lugares a los que tenia que llegar para dar con el enemigo buscado.
El guerrero le agradeció al pequeño ser, también tomo una pequeña bolsa de piel que tenia atada al cinturón en donde tenia varias monedas de oro, el guerrero dejó la bolsa en una piedra de la orilla, se dio la media vuelta después de despedirse del pequeño ser, tomo su caballo y emprendió el viaje siguiendo sus indicaciones, después de unos metros volteó a ver donde estaba, pero ya no encontró nada, ni ser ni bolsa de monedas, el guerrero sabia que el ser no se había ofendido y que la información que le había dado era cierta, se sentía un poco mas relajado de saber que podía encontrar al secuestrador
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Segunda parte.
Tercera parte.
Final.
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Esto sucedió hace tanto tiempo que no se puede decir en qué época fue. El lugar donde aconteció no es importante en sí, el nombre del reino no importa, es más, podría ponérsele cualquier nombre y serviría para poder describirlo, lo principal es lo que ahí paso.
Mentiríamos si decimos que el rey era el mas noble y bueno de los reyes del mundo, pero estaríamos equivocados si lo hacemos. En realidad era un hombre temible y un poco tirano, tenia al reino hundido en la miseria y tenia muchos enemigos. Fue hasta que el primogénito del rey llegó al mundo, cuando el modo de ser del rey cambió, lo hizo mas feliz y amable.
Pero la felicidad del rey no duró mucho, fue una noche antes de que el infante cumpliera un mes de vida, cuando alguien moviéndose entre las sombras traspaso la seguridad que había alrededor del niño, tomando a todo el reino dormido, tomó al infante y regresó por donde había llegado.
Después del secuestro del primogénito todo el reino tenia miedo, no sabían quien había sido y cómo es que reaccionaria el rey. Pero él estaba demasiado trastornado por no saber quién se había llevado a su hijo, nadie sabia nada, lo único que habían encontrado que servía para encontrar al secuestrador y al niño fue una rosa negra atada con un listón rojo.
Fue entonces cuando el rey asignó su mejor guerrero para que encontrara aquel que se había llevado a su hijo. Mas este guerrero no sólo era diestro con las armas si no también con las artes místicas de la magia. Artes que muy pocos conocen y todavía menos logran dominarlas. El nombre del guerrero tampoco importa en verdad.
El guerrero subió a su caballo y salió del castillo, al pasar por la ciudad la gente se hacía a un lado para que pudiera pasar, la gente se quedaba boquiabierta al ver al guerrero, que con su brillante armadura reflejaba los rayos del sol.
Cuando salió de la ciudad se encaminó hacia ciertos lugares en medio del bosque que rodeaba a la ciudad, en estos lugares vivían algunos conocidos suyos, que iban desde hechiceros hasta vulgares ladrones y taberneros a los cuales el guerrero interrogó acerca de quién había secuestrado al pequeño del emperador de la comarca, pero nadie pudo darle razón, sin embargo el guerrero no se desanimó y siguió buscando a alguien que le pudiera dar información.
Cansado por las horas de infructuosa búsqueda el guerrero decidió darse un pequeño descanso a las orillas de un pequeño riachuelo que corría por el bosque, bajó de su cabalgadura, se quitó parte de la armadura y se mojó la cara en el arroyo, pero cuando levantó la cara vio reflejado a un pequeño y horroroso ser de pie en la otra orilla, el guerrero sin verlo, se dirigió donde había dejado su armadura y se la volvió a poner, regresó a la orilla y sin ver al ser lo saludó de la más amable y respetuosa manera posible, éste contestó el saludo de la misma manera, entonces el guerrero pudo por fin verlo a la cara, el guerrero le preguntó de igual manera de cómo lo había saludado, o sea, muy respetuosa y amable de que si él sabia quién había tomado al niño del rey, el ser le contesto que sí, el guerrero preguntó si se le podría decir dónde encontrarlo, el ser le empezó a decir que tenia que cabalgar rumbo a donde se oculta el sol durante 2 días, ahí encontraría una serie de señales y lugares a los que tenia que llegar para dar con el enemigo buscado.
El guerrero le agradeció al pequeño ser, también tomo una pequeña bolsa de piel que tenia atada al cinturón en donde tenia varias monedas de oro, el guerrero dejó la bolsa en una piedra de la orilla, se dio la media vuelta después de despedirse del pequeño ser, tomo su caballo y emprendió el viaje siguiendo sus indicaciones, después de unos metros volteó a ver donde estaba, pero ya no encontró nada, ni ser ni bolsa de monedas, el guerrero sabia que el ser no se había ofendido y que la información que le había dado era cierta, se sentía un poco mas relajado de saber que podía encontrar al secuestrador
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Segunda parte.
Tercera parte.
Final.
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lunes, 30 de mayo de 2011
Cuento: Strat
Strat
Por Berenice Navarro
Para Violeta
Por Berenice Navarro
Para Violeta
Esta noche, Abraham ya no soporta la idea de tocarla. En la frente, el calor se confunde con el sudor frío de su pesadilla recurrente, la molesta imagen de su hermano acariciando esa cintura delante de todos le revuelve el estómago, él la quiere, y le enferma saberla ajena y tan imposible.
Ya no soportará seguir reviviendo en sus sueños el desagradable recuerdo de Fernando abrazándola con sus manos tan toscas, de escucharlo hacerle el amor en el cuarto de abajo. Abraham sabe que juntos, también pueden hacer el amor y gritar más fuerte, lo sabe desde que, un día al pasar junto a ella, sin querer la tocó, ella dijo algo, y aunque él no entendió, sus oídos no han olvidado esa voz tenue, dulce, que ninguna otra le ha dedicado.
Por eso hoy, Abraham llegará a la sala, donde ella duerme, la sujetará fuerte contra su pecho y gritarán juntos en aquella melodía que él intuye, es el amor. Aunque despierten a todos y Fernando se sienta humillado, ya no le importa, el deseo le domina.
Después huirá con ella, lo ha planeado durante meses, sólo la meterá en su estuche, se la colgará al hombro y atravesarán la puerta.
Ya no soportará seguir reviviendo en sus sueños el desagradable recuerdo de Fernando abrazándola con sus manos tan toscas, de escucharlo hacerle el amor en el cuarto de abajo. Abraham sabe que juntos, también pueden hacer el amor y gritar más fuerte, lo sabe desde que, un día al pasar junto a ella, sin querer la tocó, ella dijo algo, y aunque él no entendió, sus oídos no han olvidado esa voz tenue, dulce, que ninguna otra le ha dedicado.
Por eso hoy, Abraham llegará a la sala, donde ella duerme, la sujetará fuerte contra su pecho y gritarán juntos en aquella melodía que él intuye, es el amor. Aunque despierten a todos y Fernando se sienta humillado, ya no le importa, el deseo le domina.
Después huirá con ella, lo ha planeado durante meses, sólo la meterá en su estuche, se la colgará al hombro y atravesarán la puerta.
![]() |
| Imágen: Violeta García |
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Este pequeño y humilde cuento va dedicado a Violeta García, con una gran felicitación por su segundo libro Mitología de una ciudad enferma y un enorme agradecimiento por compartir su obra plástica en este blog.
Berenice Navarro (Madame) (Viridiana Urías) (Monstruo Lovecraftniano) (Barque Vagabonde) (etc...)
jueves, 19 de mayo de 2011
Cuento: Entre desistir y la indecisión
Entre desistir y la indecisión
Por Lilia Ávalos
Se sentó donde siempre y pensó que tarde o temprano él tendría que pasar por ahí, sólo era cuestión de que esperara el tiempo suficiente.
Al principio le pareció sencillo, después de todo ya muchas veces lo había esperado en el mismo lugar y él siempre terminaba por aparecer. Subió su vista para perderse en las figuras del vuelo de los pájaros. Los veía ir y venir en piruetas que albergaban una melodía secreta, una que le gustaba y le asustaba.
Fue cuando comenzó a oscurece el cielo y los pájaros cesaron su vuelo, que pensó en la posibilidad de que él ya hubiera pasado por ahí y que no lo hubiera visto por estar distraída con los pájaros. Aunque en seguida supo que de haber sido así, él no hubiera podido evitar mirar el lugar donde tantas veces había llegado a encontrarla y sabría de inmediato que lo estaba esperando, que estaba ahí por él y para él. Aunque decidió que no sobraba poner más atención.
Comenzó a fijarse en todas las caras y los cuerpos de quienes pasaban por ahí, en los atuendos, las miradas y las formas de caminar. Pero el tiempo se gastaba y todas las caras eran la cara de él, y todos los cuerpos tenían sus hombros, y todas las miradas su suavidad y todo caminante su contoneo; hasta que en la proximidad, sus características siempre se desvanecían.
Cuando ya no toleró el desengaño de creerlo aproximarse, se preguntó qué haría si en efecto él llegara, en qué haría si él le dijera que no debía esperarlo. Un vacío muy pesado se apoderó de su pecho y sintió que el lugar de siempre, donde habían sido sus encuentros tantas veces, no tenía ya ningún valor.
Se dio cuenta entonces que era ella quien lo estaba esperando y no él quien la aguardaba en el lugar de siempre. Se sintió mal por estar ahí, porque era un hecho que él no buscaba encontrarla y que si por un descuido del azar tuviera que tomar el camino para pasar por donde ella estaba, lo obligaría a su encuentro y violaría su decisión de no encontrarla. Fue cuando se puso en pie y se alejó del lugar procurando no detenerse a ver rostro alguno.
***
Le preocupaba el tiempo que había tardado en decidirse a ir, pero por fin llegó y se sentó donde siempre. Pensó que tarde o temprano ella tendría que pasar por ahí y que sólo era cuestión de que la esperara el tiempo suficiente para encontrarla de nuevo.
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Por Lilia Ávalos
Se sentó donde siempre y pensó que tarde o temprano él tendría que pasar por ahí, sólo era cuestión de que esperara el tiempo suficiente.
Al principio le pareció sencillo, después de todo ya muchas veces lo había esperado en el mismo lugar y él siempre terminaba por aparecer. Subió su vista para perderse en las figuras del vuelo de los pájaros. Los veía ir y venir en piruetas que albergaban una melodía secreta, una que le gustaba y le asustaba.
Fue cuando comenzó a oscurece el cielo y los pájaros cesaron su vuelo, que pensó en la posibilidad de que él ya hubiera pasado por ahí y que no lo hubiera visto por estar distraída con los pájaros. Aunque en seguida supo que de haber sido así, él no hubiera podido evitar mirar el lugar donde tantas veces había llegado a encontrarla y sabría de inmediato que lo estaba esperando, que estaba ahí por él y para él. Aunque decidió que no sobraba poner más atención.
Comenzó a fijarse en todas las caras y los cuerpos de quienes pasaban por ahí, en los atuendos, las miradas y las formas de caminar. Pero el tiempo se gastaba y todas las caras eran la cara de él, y todos los cuerpos tenían sus hombros, y todas las miradas su suavidad y todo caminante su contoneo; hasta que en la proximidad, sus características siempre se desvanecían.
Cuando ya no toleró el desengaño de creerlo aproximarse, se preguntó qué haría si en efecto él llegara, en qué haría si él le dijera que no debía esperarlo. Un vacío muy pesado se apoderó de su pecho y sintió que el lugar de siempre, donde habían sido sus encuentros tantas veces, no tenía ya ningún valor.
Se dio cuenta entonces que era ella quien lo estaba esperando y no él quien la aguardaba en el lugar de siempre. Se sintió mal por estar ahí, porque era un hecho que él no buscaba encontrarla y que si por un descuido del azar tuviera que tomar el camino para pasar por donde ella estaba, lo obligaría a su encuentro y violaría su decisión de no encontrarla. Fue cuando se puso en pie y se alejó del lugar procurando no detenerse a ver rostro alguno.
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Le preocupaba el tiempo que había tardado en decidirse a ir, pero por fin llegó y se sentó donde siempre. Pensó que tarde o temprano ella tendría que pasar por ahí y que sólo era cuestión de que la esperara el tiempo suficiente para encontrarla de nuevo.
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Interdisciplina: Carteles
Carteles
Idea original: Mayela Valadéz
Diseño: Guz Guevara
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Maye es estudiante de la lic. en Lengua y Literatura Hispanoamericanas.
Guz es estudiante de la lic. en Mercadotecnia Internacional.
lunes, 16 de mayo de 2011
Relato o algo: Quien nunca ha sabido fallar
Quien nunca ha sabido fallar
por Guz Guevara
Ella es hermosa; alta, delgada y de pechos llamativos, con un tono de piel amarillento, de verdosos y grandes ojos y nariz prominente, sus labios son escasos. Tiene cabello largo, rizado y de un falso color fuego. Sus tobillos son frágiles. Siempre ha requerido gafas, las cuales pocas veces utiliza. En ocasiones lleva una pulsera en su mano izquierda.
Ella es muy malhablada, suele pronunciar mal algunas palabras, es culta y dedicada, en ocasiones muy sensible y concurrentemente intolerante. Todo el tiempo sonríe, sin embargo es altamente reservada. Fría cuando se lo propone. Ama la soledad; tiene pocos amigos. La banalidad no es lo suyo.
Le fascina cocinar postres. Suele burlarse de las personas, sabe reírse de sí misma. Grita cuando se avergüenza. Lucha por sobresalir, busca la autenticidad. Muchos hablan de ella, prejuicios en su totalidad, suceso al que ha llegado a acostumbrarse al punto de disfrutarlo. Ama a la naturaleza, recoge y auxilia animales callejeros y baila desnuda en ocasiones.
Ella es mi amiga; y ella es perfecta.
Ella es muy malhablada, suele pronunciar mal algunas palabras, es culta y dedicada, en ocasiones muy sensible y concurrentemente intolerante. Todo el tiempo sonríe, sin embargo es altamente reservada. Fría cuando se lo propone. Ama la soledad; tiene pocos amigos. La banalidad no es lo suyo.
Le fascina cocinar postres. Suele burlarse de las personas, sabe reírse de sí misma. Grita cuando se avergüenza. Lucha por sobresalir, busca la autenticidad. Muchos hablan de ella, prejuicios en su totalidad, suceso al que ha llegado a acostumbrarse al punto de disfrutarlo. Ama a la naturaleza, recoge y auxilia animales callejeros y baila desnuda en ocasiones.
Ella es mi amiga; y ella es perfecta.
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Texto hurtado del blog de Guz Guevara
miércoles, 11 de mayo de 2011
Anecdotario: De los ridículos olvidos
(Crónicas nocturnas)
De los ridículos olvidos
Por Berenice Navarro
Noche 4
El cigarro que apagaste en el suelo sigue ahí, y aún siento tus palabras en el pecho. Los recuerdos ya no escurren de los ojos, me los tragué y ahora me dan asco. Me da asco cuando llamas, cuando vienes, y cuando te vas.
La botella me da asco. El olor de las flores que me diste me da asco, el olor de tu tabaco me da asco.
Noche 16
La nausea de tu recuerdo me robó unos kilos. Me pinté el cabello. Leí a Borges. Compré una blusa.
Noche 19
Conocí a un tipo, es diferente a ti; le vale madre ser pobre y estar prieto, tiene un cuerpo que no tendrías ni atascándote una sobredosis de esteroides.
Es alcoholico, violento, ignorante, todo un patán, sólo quiere sexo... Buneno, no es tan diferente.
Noche 35
Todavía no puedo creer que me nos hayas seguido en el coche.
Noche 49
Estoy escuchando uno de los discos, fueron un buen regalo de despedida, pero no creo que causen el efecto que desearías... llevo toda mi vida escuchando esas rolas, son tan especiales para mí que ni siquiera tú podrías cambiar lo que sus letras representan en mi vida. Aunque es triste creerle más a Robert Zimmerman que a ti.
La playera no la usé, le gustó a un tipo y se la dí porquees lindo escucha buen blues...
Noche 55
Me da lástima que sigas llorando por mi. Espero que sólo sea el alcohol, no te apures, a todos nos traiciona.
Por cierto, recogí tus cenizas y la botella que me ayudó a tragarme tus mentiras. Lo demás se queda con el olor de las flores muertas.
------------------------------
Berenice Navarro vive en San Luis Potosí. Tiene 20 años. Nunca ha hecho algo bueno.
Sueña con reencarnar en el último gusano que degustará su cadáver.
Recientemente aprendió a disfrutar los romances patéticos.
De los ridículos olvidos
Por Berenice Navarro
Noche 4
El cigarro que apagaste en el suelo sigue ahí, y aún siento tus palabras en el pecho. Los recuerdos ya no escurren de los ojos, me los tragué y ahora me dan asco. Me da asco cuando llamas, cuando vienes, y cuando te vas.
La botella me da asco. El olor de las flores que me diste me da asco, el olor de tu tabaco me da asco.
Noche 16
La nausea de tu recuerdo me robó unos kilos. Me pinté el cabello. Leí a Borges. Compré una blusa.
Noche 19
Conocí a un tipo, es diferente a ti; le vale madre ser pobre y estar prieto, tiene un cuerpo que no tendrías ni atascándote una sobredosis de esteroides.
Es alcoholico, violento, ignorante, todo un patán, sólo quiere sexo... Buneno, no es tan diferente.
Noche 35
Todavía no puedo creer que me nos hayas seguido en el coche.
Noche 49
Estoy escuchando uno de los discos, fueron un buen regalo de despedida, pero no creo que causen el efecto que desearías... llevo toda mi vida escuchando esas rolas, son tan especiales para mí que ni siquiera tú podrías cambiar lo que sus letras representan en mi vida. Aunque es triste creerle más a Robert Zimmerman que a ti.
La playera no la usé, le gustó a un tipo y se la dí porque
Noche 55
Me da lástima que sigas llorando por mi. Espero que sólo sea el alcohol, no te apures, a todos nos traiciona.
Por cierto, recogí tus cenizas y la botella que me ayudó a tragarme tus mentiras. Lo demás se queda con el olor de las flores muertas.
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Berenice Navarro vive en San Luis Potosí. Tiene 20 años. Nunca ha hecho algo bueno.
Sueña con reencarnar en el último gusano que degustará su cadáver.
Recientemente aprendió a disfrutar los romances patéticos.
lunes, 11 de abril de 2011
Croni-poema: El fin del mundo
El fin del mundo
por Luis Avila Candelaria
Veinticuatro horas al día, cada día, las sirenas de ambulancia cantan, a toda costa, a todo rincón. El temblor del pánico llega, lo adoptan, lo comen, lo invitan, lo imitan, se digiere y se apega. Está en la sala, en la recamara, en el closet, en al aire.
Un poeta dijo alguna vez: “nos toca cantar el fin de mundo”. Y un pintor le contesto: "cantaremos el fin del mundo, así como el renacimiento de las artes".
----------------------
Luis Avila Candelaria es de San Luis Potosí y estudia la lic. en Lengua y Literatura Hispanoamericanas. Él es un tipo emprendedor; le gusta promover la lectura y las artes.
A las mujeres les gusta componer sonatas en su honor.
por Luis Avila Candelaria
Veinticuatro horas al día, cada día, las sirenas de ambulancia cantan, a toda costa, a todo rincón. El temblor del pánico llega, lo adoptan, lo comen, lo invitan, lo imitan, se digiere y se apega. Está en la sala, en la recamara, en el closet, en al aire.
Un poeta dijo alguna vez: “nos toca cantar el fin de mundo”. Y un pintor le contesto: "cantaremos el fin del mundo, así como el renacimiento de las artes".
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Luis Avila Candelaria es de San Luis Potosí y estudia la lic. en Lengua y Literatura Hispanoamericanas. Él es un tipo emprendedor; le gusta promover la lectura y las artes.
A las mujeres les gusta componer sonatas en su honor.
jueves, 24 de febrero de 2011
Poema: Sueño de ayer
Sueño de ayer
Por Orlando Tristán
Como en la noche fría de los sueños
tu alma febril cae trémula de hastío
un luengo puente de tus besos
una vista lenta de tu muerte
la noche fría de los sueños
congela una lágrima en tus versos
y no importan tus dedos del deseo.
Cayendo lánguido el roce de tus penas
en cada pierna, en cada mano, en cada hora
nos dice
que la azul noche iluminada por las velas
impaciente las lagañas se desean.
-------------------------
Orlando escribió este poema después de una intervención Othoniana en su vida.
viernes, 18 de febrero de 2011
Poema: Hace bien
Hace bien
Por Jonatan Gamboa
Morir hace bien a las seis de la mañana
hace bien en la mitad de un callejón alumbrado
en el fragor de una guerra injusta
porque así no se arruina el día
se brinda placer a ojos morbosos
se borra la muerte entre otras
Hace bien llorar un poco
hacerlo a la distancia
sin prisas
porque la vida se humedece de interiores
se conjuga sin placeres
se vierte honesta en las telas
Hace bien amar menos
amar sin prejuicios ni esperanzas
sin buscar parasiempres
porque no hay expectativas
se pierde la intensidad
no se buscan brazos para morir
Así
se descargan las sombras
la soledad no es una sorpresa
nadie llora burdamente
sin homenajes ni ceremonias
el silencio cubre las almas
tridentinas o pulcras
se envuelven las luces en las pieles
sin simulacros
queda la soledad expuesta
Hace bien morirse
de vez en cuando
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Jonatan Gamboa es el orgulloso papá de Dante. Estudia el doctorado en Humanidades en la UAM Iztapalapa, es Maestro en Historia por El Colsan, y Lic. En Ciencias Históricas por la EESCIHA. Estudió la Lic. en Letras Españolas en la UG. Es profesor en la CCSyH de la UASLP.
jueves, 17 de febrero de 2011
Cuento: Padre nuestro, madre mía
Padre nuestro, madre mía
Por Señor Violencia- Padre nuestro… y líbranos del mal, amén –. Las manos le sudaban, las rodillas le dolían, la voz se le quebraba, y todavía le faltaban diez Padres nuestros de la penitencia que le habían puesto.
Cuando finalmente terminó, casi se le sale una mentada de madre por el dolor que le provocó el levantarse. Por un momento, dudó sobre su fe en la religión, pero al ver a Jesús crucificado se arrepintió de inmediato, persignándose en rápidos movimientos varias veces, pero una pregunta se presentó en su mente:
- Si él es eterno, inmortal y todas esas omnicosas, ¿cómo es que pudo haber muerto? –siguió pensando la pregunta cuando entró a la sacristía.
- Hola hija, pásale –le dijo el padre Juan Diego al verla.
Estaba nerviosa, esperando junto a la puerta, mientras que él, seguro de sí mismo, dejó La Biblia sobre la mesa y se acercó a ella.
- Más hermosa que la mismísima virgen de Guadalupe –dijo acariciándole el cabello, quitándole un mechón rebelde de enfrente de la cara.
La besó muy lento.
Ella se dio cuenta que debajo de la sotana él estaba desnudo y listo para la acción.
Todo duró el Padre nuestro, el Credo y Ave María, rezos que él dijo mientras hacían el amor.
Ella se vistió lo más rápido que pudo, al tiempo que Juan Diego, todavía desnudo, se fumaba un cigarro en el sofá donde todo había pasado. Antes de que ella saliera de la sacristía, Juan Diego le dijo:
-Ah, por cierto, reza veinte Padres nuestros como penitencia a lo que acabas de hacer.
Al cerrar la puerta le mentó la madre, aun así, hizo la penitencia.
Cuando finalmente terminó, casi se le sale una mentada de madre por el dolor que le provocó el levantarse. Por un momento, dudó sobre su fe en la religión, pero al ver a Jesús crucificado se arrepintió de inmediato, persignándose en rápidos movimientos varias veces, pero una pregunta se presentó en su mente:
- Si él es eterno, inmortal y todas esas omnicosas, ¿cómo es que pudo haber muerto? –siguió pensando la pregunta cuando entró a la sacristía.
- Hola hija, pásale –le dijo el padre Juan Diego al verla.
Estaba nerviosa, esperando junto a la puerta, mientras que él, seguro de sí mismo, dejó La Biblia sobre la mesa y se acercó a ella.
- Más hermosa que la mismísima virgen de Guadalupe –dijo acariciándole el cabello, quitándole un mechón rebelde de enfrente de la cara.
La besó muy lento.
Ella se dio cuenta que debajo de la sotana él estaba desnudo y listo para la acción.
Todo duró el Padre nuestro, el Credo y Ave María, rezos que él dijo mientras hacían el amor.
Ella se vistió lo más rápido que pudo, al tiempo que Juan Diego, todavía desnudo, se fumaba un cigarro en el sofá donde todo había pasado. Antes de que ella saliera de la sacristía, Juan Diego le dijo:
-Ah, por cierto, reza veinte Padres nuestros como penitencia a lo que acabas de hacer.
Al cerrar la puerta le mentó la madre, aun así, hizo la penitencia.
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El Señor Violencia vive en San Luis Potosí. Es ingeniero y escritor (novela y cuento).
Es director general del Fanzine/Ezine “Ahí va el agua” ahivaelagua.macrohw.com . Creó el proyecto “MacroHW", el Podcast "Puras Habladas"; del cual nace "Puras Escuchadas" (www.macrohw/ricon), participó como colaborador en el Comic Quimeras.
Recientemente piblicó un par de cuentos en "Entropía", semanario cultural de "El Sol de San Luis".
Es director general del Fanzine/Ezine “Ahí va el agua” ahivaelagua.macrohw.com . Creó el proyecto “MacroHW", el Podcast "Puras Habladas"; del cual nace "Puras Escuchadas" (www.macrohw/ricon), participó como colaborador en el Comic Quimeras.
Recientemente piblicó un par de cuentos en "Entropía", semanario cultural de "El Sol de San Luis".
lunes, 14 de febrero de 2011
Cuento: Rellena mis espacios vacíos
Rellena mis espacios vacíos
Por Lilia Ávalos
Tal vez Galileo me entienda. Y es que yo era un péndulo que iba y venía entre mi Mesías y mi Revolucionario, ansioso de ir a cada uno de los lados para regresar al otro sin intención de traicionar a ninguno. Tómalo como quieras, porque la existencia de estos dos entes, de mi sístole y diástole, son tan ciertos como Don Quijote, el Che Guevara, como tú y como yo. ¿Cómo saber?, porque tenemos la palabra escrita, pero lo que no sé es si yo la escribo o si tú imaginas que yo escribo para que tú la leas. Einstein se burlaba también de esto cuando convirtió en teoría eso de la relatividad.
La verdad es que no quería dejar a ninguno de los dos, ¿cómo hago para que me entiendas?, es como si comenzaras a hacerme el amor mientras escribo esto, ¿cómo decidirse por uno, o peor, cómo despreciar a uno, si las dos son necesidades tan sentidas y urgentes, inaplazables? Ya vas comprendiendo lo angustiosos de mi situación, ¿eh? Imagínalo, una escena única e irrepetible, una obra de arte, una burbuja, una frase entre paréntesis, este aislamiento del mundo que se convierte en un mundo mismo, esta línea que dejó de ser línea para convertirse en punto.
No dejes de leerme, sígueme leyendo, porque conforme vislumbro a Rocinante, al Granma, a la tinta con la que te escribo y a tus ojos recubriendo mis palabras, me voy dando cuenta que alguien te imagina para que me inventes escribiendo esto y lo leas, y entonces seas real, y entonces yo sea real, y mis dos amores también. Por eso sígueme leyendo, no te detengas, porque si paras, nos quitarás el sentido de realidad, y no seremos nada, y no habrá nada; ni péndulo, ni Mesías, ni Revolucionario. Incluso este minúsculo punto creado desaparecerá y ello implicará que habré fracasado, porque querrá decir entonces que perdí a mis dos amores. ¿Te dije que escribí esto para sentirlos al menos otro segundo?
♥------------------------
Lilia es de San Luis Potosí, estudia Lengua y Literatura Hispanoamericanas.
Ella vive en el mundo de las letras, ese que está cerca de la trova y del lado del corazón.
Ella vive en el mundo de las letras, ese que está cerca de la trova y del lado del corazón.
domingo, 23 de enero de 2011
Cuento corto: Elisa
Elisa
por Madame
Elisa está cansada de sentirse triste. Mientras su cara contraída vuelve a salarse, se pregunta cómo puede nacer de sus ojos tanto dolor cuando está derrotada y marchita...
Ella es como un barco perdido, que bajo el cielo de octubre quedó atrapado en una pesadilla recurrente.
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Madame, algunas ocasiones habla en tercera persona.
por Madame
Elisa está cansada de sentirse triste. Mientras su cara contraída vuelve a salarse, se pregunta cómo puede nacer de sus ojos tanto dolor cuando está derrotada y marchita...
Ella es como un barco perdido, que bajo el cielo de octubre quedó atrapado en una pesadilla recurrente.
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Madame, algunas ocasiones habla en tercera persona.
viernes, 14 de enero de 2011
Relato o algo: " . "
.
Por Lliliana Huerta
Rodeada de mis soledades, de mis inmensos vacíos, de mis interminables confusiones, de mis tímidas palabras; no encuentro algo coherente, algo con significado, algo valioso o presente. No encuentro nada, ni el polvo, ni la ceniza, ni la arena, ni las bacterias, ni el olor. No encuentro nada, no entiendo nada. De nuevo entre mis enredaderas, entre las miles de espinas, entre los tormentosos bullicios, entre las inconsolables preguntas, entre los vivos y los muertos...
Pendo de un maldito hilo; el mismo que me corta y me sofoca, el mismo que me suspende en el silencio, en el inmenso vacío.
Y mis pensamientos forman torbellinos de confusiones, forman pasadizos de histeria, esquinan a cada uno de mis temores, se zambullen en mis patéticas lagrimas y mi maldita boca solo quiere preguntar: ¿Dónde estás?...
Ese insípido vacio, ya ni siquiera me lastima, es sólo factoría de silencios, de conformidades, de quejas mudas, desganadas, de reclamos olvidados, de peticiones indeseadas, de nada...
Y nada existe, ya nada es aquí, fue y pasó, fue real lo que nunca quise que fuera, y me dejé envolver, me convertí en recibidor de todo lo irreal, de todo lo que ahora se tiene que negar...
Y es toxica esta sangre vertiginosa, contaminada de tus fluidos, de tus parásitos, de tus miles de diminutos tús, de miles de cajas retóricas huecas, ¿por dónde asechas?, ¿detrás de qué máscara te encierras?
Ya no están tus ladridos, ya no existen tus aullidos, tus gozosos gemidos, ya no estás presente, ya no estás profundo, ya no estás constante, ya no estás, ya no estás...
Soy hacedora de mí, critica de todo de mí, dadora de realidades inaceptadas o esquivadas, repulsivas y ofensivas...
Y perdí 21 gramos, después de tantos daños a mi cerebro... mi bomba sanguínea ya no brinca, ya no esparce tus toxinas...
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Liliana Huerta es potosina. Estudia Lengua y Literatura Hispanoamericanas. Escribió estas letras en compañía de mal tabaco y un café negro después de la rutina hiriente y patética.
Ella vuela entre sombras de tonalidades ámbar, vive en los recuerdos y en tus pupilas dilatadas.
Por Lliliana Huerta
Rodeada de mis soledades, de mis inmensos vacíos, de mis interminables confusiones, de mis tímidas palabras; no encuentro algo coherente, algo con significado, algo valioso o presente. No encuentro nada, ni el polvo, ni la ceniza, ni la arena, ni las bacterias, ni el olor. No encuentro nada, no entiendo nada. De nuevo entre mis enredaderas, entre las miles de espinas, entre los tormentosos bullicios, entre las inconsolables preguntas, entre los vivos y los muertos...
Pendo de un maldito hilo; el mismo que me corta y me sofoca, el mismo que me suspende en el silencio, en el inmenso vacío.
Y mis pensamientos forman torbellinos de confusiones, forman pasadizos de histeria, esquinan a cada uno de mis temores, se zambullen en mis patéticas lagrimas y mi maldita boca solo quiere preguntar: ¿Dónde estás?...
Ese insípido vacio, ya ni siquiera me lastima, es sólo factoría de silencios, de conformidades, de quejas mudas, desganadas, de reclamos olvidados, de peticiones indeseadas, de nada...
Y nada existe, ya nada es aquí, fue y pasó, fue real lo que nunca quise que fuera, y me dejé envolver, me convertí en recibidor de todo lo irreal, de todo lo que ahora se tiene que negar...
Y es toxica esta sangre vertiginosa, contaminada de tus fluidos, de tus parásitos, de tus miles de diminutos tús, de miles de cajas retóricas huecas, ¿por dónde asechas?, ¿detrás de qué máscara te encierras?
Ya no están tus ladridos, ya no existen tus aullidos, tus gozosos gemidos, ya no estás presente, ya no estás profundo, ya no estás constante, ya no estás, ya no estás...
Soy hacedora de mí, critica de todo de mí, dadora de realidades inaceptadas o esquivadas, repulsivas y ofensivas...
Y perdí 21 gramos, después de tantos daños a mi cerebro... mi bomba sanguínea ya no brinca, ya no esparce tus toxinas...
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Liliana Huerta es potosina. Estudia Lengua y Literatura Hispanoamericanas. Escribió estas letras en compañía de mal tabaco y un café negro después de la rutina hiriente y patética.
Ella vuela entre sombras de tonalidades ámbar, vive en los recuerdos y en tus pupilas dilatadas.
domingo, 9 de enero de 2011
Un cuento con tintes de film: Paraguas
Paraguas
Por Xavier de León
En el metro se expresa el espíritu de la ciudad. Así lo supe el primer viernes de octubre de 2009, que tuve que viajar en una ruta diferente. Tenía que bajar en Insurgentes, pero en lugar de trasbordar en Balderas, como era lo correcto, una paranoia, que creí sólo mía, me hizo hacer el anormal recorrido: Hidalgo – Salto del Agua – Insurgentes. Anormal por todos lados, pero más viniendo de la Ruta 3. El caso es que quise evitar caminar por el andén de las pesadillas. Cuando llegamos a Insurgentes todo se precipitó en un extreme long shot de interiores, aderezado con un slow motion con intercortes a los rostros de pánico y sorpresa.
Mientras salía del vagón, y cuando otros ya subían las escaleras y caminaban por los cortos pasillos, un sonido metálico y seco provocó el instante que recuerdo con detalles completísimos. Al escuchar el sonido una sola imagen llegó a la mente de varios, de mí incluido. La imagen me llegó justo mientras pensaba en las revisiones exhaustivas de los policías que a lo largo de toda la Ruta 1 detenían a todo aquél que cargara una mochila, una bolsa, un bulto. Como si un arma no pudiera entrar por otro lado. Pensaba en eso, pues, pensaba en eso y el sonido metálico me hizo voltear con una discreta mirada de pánico.
Como los míos, otros pares de ojos voltearon al origen del ruido y al causante, con miradas de odio, de desconfianza, de miedo, de atención cuidadosa, de todo junto; todas las miradas lo tenían todo [intercortes]. El hombre, el ruido, los rostros, todo [slow motion en todo momento]. Pude ver desde el primer instante que el origen del ruido fue un paraguas que cayó de las manos descuidadas de un hombre mayor, golpeando su parte metálica con la base de la salida del vagón. El hombre, apenado, recogió el paraguas con una lentitud vergonzosa, a sabiendas de los retortijones que había causado; las miradas compuestas lo decían todo. Pero lo tomó y siguió caminando en nuestra ruta, mientras los otros buscaban andar por donde él no lo hiciera. Salió con su vergüenza [todo fue una sola toma en extreme long shot].
Ya en la Glorieta, la vergüenza se fue desvaneciendo vaporosa, salíamos hacia nuestros caminos y del momento sólo quedaron las miradas discretas de algunos, que volteaban de vez en vez, esperando que lo que habían presenciado hubiera sido sólo su paranoia. Pero no era así, se había manifestado en esa atípica expresión el espíritu de la ciudad, un espíritu temeroso de la violencia que se le sale de entre las entrañas en momentos de sangre y temor, en respiros de valentía que se huelen desde las madrugadas, por ello la olí perfectamente ese viernes a las 8:30 de la mañana.
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Xavier de León vive en México DF, nació en 1985. Es ingeniero y abogado; cínico e irreal.
Trabaja en la Suprema Corte de Justicia de la Nación y es visitante asiduo de los bares y cantinas del Centro Histérico de la Ciudad de México. Se divierte escribiendo en: http://memoriasdeceniza.wordpress.com/
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Cuento: Sin sentido del ritmo y la armonía
Sin sentido del ritmo y la armonía
Por Lorena Torres Martell
Por Lorena Torres Martell
Me han invitado a pasar, dentro de esta cajita musical en la que he encontrado una nota desacorde que arruina la pieza de sinfonola y nadie lo nota.
–"Son pocos los solitarios y tontos que llegan hasta aquí, hurga entre esta inmundicia y llévate una sola cosa antes de huir.... "
Y entre sus besos amargos y las cajas de cigarros; encontré a Elvis, encontré mi ojo derecho que una rata se llevó, encontré miles de mentiras que formaban la estructura de nuestro mundo, encontré esa fractura en el equilibrio de la humanidad, encontré mi reflejo en un espejo de noche. Encontré mi cabeza con sus falsos delirios y copas de más, encontré un corazón y La muerte ideal.
–Sólo tomaré la nota correcta, este desafino me hará reventar los oídos....
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Lore vive en San Luis Potosí, estudió algo de Leyes, pero no era lo suyo; actualmente estudia Artes Plásticas. Toca el violín y a ratos el piano.
Ella parece haber escapado de la poesía de alguno de los malditos; es un imán para los locos.
Recientemente perdió un ojo... pero ya lo encontró.
Ella parece haber escapado de la poesía de alguno de los malditos; es un imán para los locos.
Recientemente perdió un ojo... pero ya lo encontró.
lunes, 27 de diciembre de 2010
Cuento: Cristal de profundidad
Tras una larga y sangrienta pelea que tuve con Jahzeel por haber cometido el atrevimiento de corregir su cuento, les dejo la versión no-corregida...
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Cristal de profundidad
por Jahzeel Acevedo
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Cristal de profundidad
por Jahzeel Acevedo
Las manos de Osiris, conjugando entre sí a los ángeles maltrechos de una muerte y los sentidos húmedos el desierto gris que corre por millares y millares de mares de mares de cielo, polvo, sol que se oscurece con las primeras notas de lluvia… ya viene a lo lejos, viene en sombra suspiro aquel de los cielos inundados de estrellas; cósmicos miedos errantes, ya viene, ya viene caminando con miradas perdidas, ángeles resplandecientes de AURAS muertas , rompiendo el ruido en silencio palpitante, ya en caos, terciopelo desgarrado de las estructuras negras, entre la sangre, en las comisuras del éter que abre sus brazos de nube, grises estructuras blancas, blandas inertes, blandas que sucumben como negras obras de nada…
Ya viene, a lo lejos vienen pesados, grises desiertos inciertos que palpitan, la mente sucumbe ante la soledad de dos mil años luz, se cubren la cabeza ángeles de cera agonizando, desintegrándose por las horas extenuantes del infinito, olas de mercurio cubren los desiertos grises, cubriendo mis ojos, lloran ahora lágrimas que hierven rituales, lloran las esferas negras que se escurren entre vientos lívidos, ahora insoportable sueño.
Se dibuja Sopor entre marcos, ya viene, Ya viene difuminado a los lejos figura inerte, sombra que se alarga en el reflejo agónico del suelo y sueño, suelo y sueño se estremecen rompiéndose ante el lamento sordo de un hueco, hueco en el cielo hoja tal que no aprovecha sus luces matinales, autumnal, funeral cósmico entretejido como la araña tela de estrellas que fulguran colores pálidos, azules turquesas, las cruces se pintan en mis manos, manchan escarlata, viene… todo se destruye opacando los soles inertes de mi mente…
- Se ha visto desde la mañana sobre las lluvias de furia en mis manos
- ¿Quién lo ha visto?
- Un ángel que se ha roto en las esferas del dolor mercúrico
Y las furias, las furias prenden estrellas en las noches que vienen…
Todo se desintegra, nacen alas de la noche, brillando bajo las luces nocturnas, la marca de Caín sobrenace en el tiempo gris blando, los cuervos le comen sensaciones blancas suicidas, sucias son ellas sucias son todo el tiempo se recrea en sus manos…
Allí está, se abren alas turquesas en la rendición del cielo, los rayos purovioletas bajan, besan los bordes ausentes de mi ser, llueve mercurio, se estampan mis ojos yertos, se estampan en mi piel ausente… quien es, vive y viene…
Alguna vez su cuerpo fue desierto de mil copulas, reventaron mariposas de viento alas subyugantes agonías del pecho de ellos, vienen, son ausentes…
Se rompe el fuego… el manto de niebla se hace denso, presente ante las adversidades más aberrantes…
Se levanta en mirar ausente el polvo de mercurio, ante él se abre paso una llamarada de viento, una figura sin formas definidas evoca a la unión de las almas, abre las alas, desaparecen las plumas… silencio ausente. Él no lo quiere, se hace ausente, mira sus ojos, crispados de sal… ya lo han visto, mis ojos se hace salinos, las sombras agachadas entre las paredes agónicas que se rasgan viendo el nuevo amanecer de las olas grises, lluvia de mercurio, cubre las flores quema, quema todo lo que se para en las mariposas blancas, el polvo inmortal, las flores del mal invierno. Somos sombras en la pared, tiempo grabado en las manchas que se escurren, lo ves, lo ves hacerse polvo, las ráfagas que nacen de su cabeza se hacen flores rojas de invierno, como cerezos sin el viento que nos mata, lo ves, sombras mercurias… agacha su mirada, se pierde en el lento vaivén de la raquítica realidad, se abren las alas de un ángel, destruye universos paralelos polvo cósmico de blancas notas.
Se abren los sueños rojos, se rompen las esferas azules del cielo.
domingo, 26 de diciembre de 2010
Relato o algo: Tu fotografía
Tu fotografía
Por Gustavo Martinez Guevara
Hace un par de días me encontré tu foto. Al principio la pasé por alto, después la acaricié, y un par de lágrimas corrieron de mis ojos, un número interminable de recuerdos se alojaron en mi mente, recordé tus manos, tu sonrisa, tus ojos, y cada una de las palabras que me dedicaste esa noche. Quise también recordar tu olor, pero ya olvidé como era, quise recordar tu calor, pero se convirtió en una nula memoria.
Estuve observándola durante un tiempo, dedicándole palabras en silencio, contemplando cada detalle, el día en que fue tomada, los colores que la adornan, las personas y artículos que la complementan. Una gran sensación se centró en mi ser y las ganas de abrazarte me invadieron por completo. Lamentablemente me quedé con la intención de hacerlo... y lo único que pude hacer, fue desearte lo mejor, agradecerte por las lecciones otorgadas, por el cariño brindado, por las acciones y palabras dedicadas, y claro está; esperar que tu vida fuera plena.
Ayer me entero que te encuentras peor que nunca...
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Guz escribió esto a alguien que amó y nunca se lo hizo saber.
martes, 21 de diciembre de 2010
Decálogo del perfecto cuentista
de Horacio Quiroga
I. Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.
II. Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
I. Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.
II. Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
III. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.
IV. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
V. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
VI. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “Desde el río soplaba el viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.
VII. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
VIII. Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
IX. No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
X. No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.
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¿Cómo ven?, ¿agarran las recomendaciones de Quiroga?
IV. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
V. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
VI. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “Desde el río soplaba el viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.
VII. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
VIII. Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
IX. No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
X. No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.
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¿Cómo ven?, ¿agarran las recomendaciones de Quiroga?
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