miércoles, 29 de diciembre de 2010

Cuento: Sin sentido del ritmo y la armonía

Sin sentido del ritmo y la armonía
Por Lorena Torres Martell

 Me han invitado a pasar, dentro de esta cajita musical en la que he encontrado una nota desacorde que arruina la pieza de sinfonola y nadie lo nota.
 –"Son pocos los solitarios y tontos que llegan hasta aquí, hurga entre esta inmundicia y llévate una sola cosa antes de huir.... "
Y entre sus besos amargos y las cajas de cigarros; encontré a Elvis, encontré mi ojo derecho que una rata se llevó, encontré miles de mentiras que formaban la estructura de nuestro mundo, encontré esa fractura en el equilibrio de la humanidad, encontré mi reflejo en un espejo de noche. Encontré mi cabeza con sus falsos delirios y copas de más, encontré un corazón y La muerte ideal.
Sólo tomaré la nota correcta, este desafino me hará reventar los oídos....

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Lore vive en San Luis Potosí, estudió algo de Leyes, pero no era lo suyo; actualmente estudia Artes Plásticas. Toca el violín y a ratos el piano.
Ella parece haber escapado de la poesía de alguno de los malditos; es un imán para los locos.

Recientemente perdió un ojo...  pero ya lo encontró.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Cuento: Cristal de profundidad

Tras una larga y sangrienta pelea que tuve con Jahzeel por haber cometido el atrevimiento de corregir su cuento, les dejo la versión no-corregida...
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Cristal de profundidad
por Jahzeel Acevedo

Las manos de Osiris, conjugando entre sí a los ángeles maltrechos de una muerte y los sentidos húmedos el desierto gris que corre por millares y millares de mares de mares de cielo, polvo, sol que se oscurece con las primeras notas de lluvia… ya viene a lo lejos, viene en sombra suspiro aquel de los cielos inundados de estrellas; cósmicos miedos errantes, ya viene, ya viene caminando con miradas perdidas, ángeles resplandecientes de AURAS muertas , rompiendo el ruido en silencio palpitante, ya en caos, terciopelo desgarrado de las estructuras negras, entre la sangre, en las comisuras del éter que abre sus brazos de nube, grises estructuras blancas, blandas inertes, blandas que sucumben como negras obras de nada…
Ya viene, a lo lejos vienen pesados, grises desiertos inciertos que palpitan, la mente sucumbe ante la soledad de dos mil años luz, se cubren la cabeza ángeles de cera agonizando, desintegrándose por las horas extenuantes del infinito, olas de mercurio cubren los desiertos grises, cubriendo mis ojos, lloran ahora lágrimas que hierven rituales, lloran las esferas negras que se escurren entre vientos lívidos, ahora insoportable sueño.
Se dibuja Sopor entre marcos, ya viene, Ya viene difuminado a los lejos figura inerte, sombra que se alarga en el reflejo agónico del suelo y sueño, suelo y sueño se estremecen rompiéndose ante el lamento sordo de un hueco, hueco en el cielo hoja tal que no aprovecha sus luces matinales, autumnal, funeral cósmico entretejido como la araña tela de estrellas que fulguran colores pálidos, azules turquesas, las cruces se pintan en mis manos, manchan escarlata, viene… todo se destruye opacando los soles inertes de mi mente…
-          Se ha visto desde la mañana sobre las lluvias de furia en mis manos
-          ¿Quién lo ha visto?
-          Un ángel que se ha roto en las esferas del dolor mercúrico
Y las furias, las furias prenden estrellas en las noches que vienen…
Todo se desintegra, nacen alas de la noche, brillando bajo las luces nocturnas, la marca de Caín sobrenace en el tiempo gris blando, los cuervos le comen sensaciones blancas suicidas, sucias son ellas sucias son todo el tiempo se recrea en sus manos…
Allí está, se abren alas turquesas en la rendición del cielo, los rayos purovioletas bajan, besan los bordes ausentes de mi ser, llueve mercurio, se estampan mis ojos yertos, se estampan en mi piel ausente… quien es, vive y viene…
Alguna vez su cuerpo fue desierto de mil copulas, reventaron mariposas de viento alas subyugantes agonías del pecho de ellos, vienen, son ausentes…
Se rompe el fuego… el manto de niebla se hace denso, presente ante las adversidades más aberrantes…
Se levanta en mirar ausente el polvo de mercurio, ante él se abre paso una llamarada de viento, una figura sin formas definidas evoca a la unión de las almas, abre las alas, desaparecen las plumas… silencio ausente. Él no lo quiere, se hace ausente, mira sus ojos, crispados de sal… ya lo han visto, mis ojos se hace salinos, las sombras agachadas entre las paredes agónicas que se rasgan viendo el nuevo amanecer de las olas grises, lluvia de mercurio, cubre las flores quema, quema todo lo que se para en las mariposas blancas, el polvo inmortal, las flores del mal invierno. Somos sombras en la pared, tiempo grabado en las manchas que se escurren, lo ves, lo ves hacerse polvo, las ráfagas que nacen de su cabeza se hacen flores rojas de invierno, como cerezos sin el viento que nos mata, lo ves, sombras mercurias… agacha su mirada, se pierde en el lento vaivén de la raquítica realidad, se abren las alas de un ángel, destruye universos paralelos polvo cósmico de blancas notas.
 Se abren los sueños rojos, se rompen las esferas azules del cielo.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Relato o algo: Tu fotografía

Tu fotografía
Por Gustavo Martinez Guevara
Hace un par de días me encontré tu foto. Al principio la pasé por alto, después la acaricié, y un par de lágrimas corrieron de mis ojos, un número interminable de recuerdos se alojaron en mi mente, recordé tus manos, tu sonrisa, tus ojos, y cada una de las palabras que me dedicaste esa noche. Quise también recordar tu olor, pero ya olvidé como era, quise recordar tu calor, pero se convirtió en una nula memoria.
Estuve observándola durante un tiempo, dedicándole palabras en silencio, contemplando cada detalle, el día en que fue tomada, los colores que la adornan, las personas y artículos que la complementan. Una gran sensación se centró en mi ser y las ganas de abrazarte me invadieron por completo. Lamentablemente me quedé con la intención de hacerlo... y lo único que pude hacer, fue desearte lo mejor, agradecerte por las lecciones otorgadas, por el cariño brindado, por las acciones y palabras dedicadas, y claro está; esperar que tu vida fuera plena.
Ayer me entero que te encuentras peor que nunca...
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Guz escribió esto a alguien que amó y nunca se lo hizo saber.

martes, 21 de diciembre de 2010

Decálogo del perfecto cuentista

de Horacio Quiroga

I. Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.
II. Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
III. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.
IV. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
V. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
VI. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “Desde el río soplaba el viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.
VII. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
VIII. Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
IX. No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
X. No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

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¿Cómo ven?, ¿agarran las recomendaciones de Quiroga?

lunes, 20 de diciembre de 2010

Poema: Sangriento

Sangriento
por Usurpadora*

una daga suspira en el aire
de regreso Al justiciero puño
yace Descuartizado tu Imperio
es un ríO de Sangre tu embrujo
me río.


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*"La Usurpadora" pidió omitir sus datos. Su poesía no es para los puristas, y por eso dejó que las mayúsculas y el acento tuvieran su propia historia.

Cuento: El lado obscuro de la almohada

El lado obscuro de la almohada
Por Mayela Valadez


Cada día en la mañana lo veía entrar a su oficina, con su maletín de piel, su traje caro, su cara resplandeciente: cero arrugas, sin ojeras y con una gran sonrisa; una cara común entre las personas que han pasado una buena noche, gente sin insomnio, seres humanos que tienen el privilegio de dormir hasta 8 horas. Lo observaba con envidia y con una especie de odio que crecía hora a hora.
–Buenos días jefe –le saludó
–¡Buenos días mi subordinado!, si sonriera más seguido esas ojeras desaparecerían, jajaja, póngase a trabajar –le respondió mientras entraba carcajeándose a su oficina.
–Maldito –pensó, cómo lo odiaba...
Él  odiaba a todo aquel que durmiera más de 8 horas, a quien tuviera una cara radiante, una sonrisa que mostrara unos dientes blancos, odiaba a todo aquel que no tuviera una almohada parlante como la de él. Cada noche durante sus  40 años de vida, al apoyar su cabeza en esa misma y maldita almohada, ésta le recordaba todas  las cosas que había hecho mal en el día, le recordaba su miserable infancia, su pésima adolescencia y su vida de juventud como becado en una institución. Cada noche, por más que contara hasta tres mil borregos, por más que tomara pastillas  o tés de diversas yerbas, su almohada no lo dejaba dormir.
 –¡Qué inútil invento del hombre! –gritando esto, se levantó una noche y arrojó la almohada al piso.
Esa ocasión no sólo no pudo dormir, sino que al día siguiente se levantó con un dolor en el cuello que lo puso aún mas irritable y no lo dejó trabajar.
–Maldita almohada, tal vez se hizo sólo para ayudar al cuello a descansar la grande y pesada pieza contenedora del cerebro, ¡bah!, pero a mí de qué demonios me sirve. Esa estúpida almohada y ese trabajo mediocre me están sacando de quicio –le gritó un día a su madre por teléfono, cuando  ella le llamó  para saber cómo se encontraba.

Y así pasaban sus días; por las mañanas soportaba las humillaciones de su jefe y por las noches los interminables monólogos de su almohada. Hasta que un día, estando en una junta con su jefe, observándolo detalladamente con odio y envidia, se dio cuenta de la causa de sus males…


–¿Cómo es su almohada jefe? –le preguntó de repente.
–¡Qué!, ¿para qué quiere saber eso?
–Sólo dígamelo, se ve que duerme muy bien y últimamente he pensado en cambiar la mía
El jefe soltó una ruidosa carcajada y le respondió:
–Es usted un hombre triste y amargado, ¿no le basta con eso?, ¡y ahora además loco!, pero le diré; mi almohada es única, está repleta de plumas de ganso, pero no de cualquiera; son gansos parisenses, el forro es de seda y esta cosida a mano, así que mi estimado, dudo mucho que pueda comprarse o siquiera conseguir una igual. Por favor, deje de preguntarme cosas estúpidas o lo echare a la calle. Ahora continuemos trabajando –
El sólo bajó apenado la mirada y maldijo al jefe en silencio.


Esta noche fue la peor del mes; la almohada lo insultó todo el tiempo ¿Cómo es que se atrevió a hacerle una pregunta tan tonta al jefe?, y lo peor; ¿cómo es que pensaba en cambiarla? Esa noche la almohada colmó su paciencia, él se levantó, le quitó la funda y la volvió a arrojar al suelo. No le importaba que al día siguiente su cuello doliera, al fin ya sabía qué hacer para terminar con todos sus males.
Al otro día no fue a trabajar. Se quedó en su casa planeando cómo robar la almohada de su jefe y gastó ocho horas arreglando un lugar en el cual poner la almohada una vez que la tuviera. Así le llego la noche, salió de su casa armado con su vieja almohada, dispuesto a cambiar su vida.
No le costó trabajo entrar a la mansión de su jefe, pues  era muy escuálido... En menos de 10 minutos ya estaba en el cuarto frente al hombre que más odiaba. Entonces, tomó su fea y aguada almohada parlante y la apoyó con furia contra la cara de su jefe hasta asfixiarlo. Cuando se aseguró que ya no respiraba, jaló con fuerza la almohada por debajo de la cabeza, arrojó su sucia, fea, aguada y parlante almohada a la cara del jefe y salió corriendo, lejos del ser humano y del maldito objeto que habían hecho de su vida un tormentoso infierno.
Llegó a casa con la almohada de plumas, blanca, reluciente y suave,  sabía que ésta era la indicada.
La noche del rapto, él había dormido plácidamente, a la mañana siguiente tenia mejor humor. Se levantó temprano, desayunó y se lavó los dientes, cosa que no hacía desde el inicio de su insomnio.
Camino al  trabajo, se arregló su  corbata sucia pensando en que ese mismo día la lavaría, y emprendió el paso sonriéndole a todo peatón que se le cruzara. Llegó a la oficina, saludó a todos, limpió su lugar de trabajo y se sentó alegremente. Todos lo miraban sorprendidos, pero a él no le importaba.
–¿Ya llego el jefe? –le preguntó a su compañero de al lado, al que nunca le hablaba.
–No –le respondió contrariado mirando con asco sus dientes.
–Bueno, a lo mejor ya no regresa y esta vez si me ascienden, ¿no cree? –.
Su compañero solo acertó a mirarlo.
Al final del día fue el último en salir del edificio, y a pesar de estar cansado aún conservaba su amarilla sonrisa. De camino a casa cantó y compró varios objetos de limpieza
-¿Cómo es que vivo en un lugar tan sucio? -Se dijo.

Esa noche después de limpiar toda su casa, cenar, lavarse los dientes y ponerse su pijama nueva, tomó la almohada del altar que le construyó,  apoyó lentamente su cabeza, en la ahora sagrada almohada blanca de plumas, sonrió por última vez en la jornada, cerró los ojos y se disponía  a dormir... cuando de repente, escuchó un susurro...



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Mayela nació en Villa de Arriaga (San Luis Potosí), estudia lengua y literatura hispanoamericanas. 
Leyó este cuento en el "Segundo encuentro de creadores y letreros"  tras arduas batallas por conseguir el auditorio.
Recientemente publicó "Recuperando mi virginidad" en Cuentos Potosinos

*Como en muchos de sus cuentos, cabe aclarar que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

Poema: Dalia negra

Dalia negra
Por Orlando Tristán


Dos hemisferios  
de una flor oscura
      alejados…
                       seccionados  
como el corte
         entre la noche y el día
               debido al ocaso…
                                        o el alba
como el mar y la arena
                de la noche perfecta  
                     para besar a la luna…
como el distanciamiento
            del llanto a tus ojos
               cuando tu pena es extensa
                     y el piso es tan cerca
                            para atrapar una gota.   

Los labios
      más abiertos
                     por el tajo
de un cuchillo 
       como pétalos divididos
silenciando señales
                     sin recibir más el polen
de los insectos
                    infectos.




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Orlando es potosino y estudia Lengua y literatura hispanoamericanas. Él es alguien que persevera siempre en alcanzar sus sueños.
Escribió este poema mientras sus compañeros se enriquecían de sabiduría en la clase de Español superior.